<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss version="2.0"
	xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/"
	xmlns:wfw="http://wellformedweb.org/CommentAPI/"
	xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/"
	xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"
	xmlns:sy="http://purl.org/rss/1.0/modules/syndication/"
	xmlns:slash="http://purl.org/rss/1.0/modules/slash/"
	xmlns:georss="http://www.georss.org/georss" xmlns:geo="http://www.w3.org/2003/01/geo/wgs84_pos#" xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/"
	>

<channel>
	<title>La navaja de las cachas verdes</title>
	<atom:link href="http://marianogarcia59.wordpress.com/feed/" rel="self" type="application/rss+xml" />
	<link>http://marianogarcia59.wordpress.com</link>
	<description>Textos literarios de Mariano García</description>
	<lastBuildDate>Wed, 23 Nov 2011 08:36:46 +0000</lastBuildDate>
	<language>es</language>
	<sy:updatePeriod>hourly</sy:updatePeriod>
	<sy:updateFrequency>1</sy:updateFrequency>
	<generator>http://wordpress.com/</generator>
<cloud domain='marianogarcia59.wordpress.com' port='80' path='/?rsscloud=notify' registerProcedure='' protocol='http-post' />
<image>
		<url>http://s2.wp.com/i/buttonw-com.png</url>
		<title>La navaja de las cachas verdes</title>
		<link>http://marianogarcia59.wordpress.com</link>
	</image>
	<atom:link rel="search" type="application/opensearchdescription+xml" href="http://marianogarcia59.wordpress.com/osd.xml" title="La navaja de las cachas verdes" />
	<atom:link rel='hub' href='http://marianogarcia59.wordpress.com/?pushpress=hub'/>
		<item>
		<title>El punto filipino</title>
		<link>http://marianogarcia59.wordpress.com/2011/11/23/el-punto-filipino/</link>
		<comments>http://marianogarcia59.wordpress.com/2011/11/23/el-punto-filipino/#comments</comments>
		<pubDate>Wed, 23 Nov 2011 08:27:24 +0000</pubDate>
		<dc:creator>marianogarcia59</dc:creator>
		
		<guid isPermaLink="false">http://marianogarcia59.wordpress.com/?p=61</guid>
		<description><![CDATA[Horacio Sirico pregunta a Antonio Puñal la edad a la que se jubila un policía, como si la pregunta no viniera a cuento. “Ni idea, yo treinta y siete aún”, contesta el comisario mirando al subinspector con la desabrida expresión de un hombre al que han vertido sobre él una lata de alquitrán,  no pudiendo evitar  la [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=marianogarcia59.wordpress.com&amp;blog=697701&amp;post=61&amp;subd=marianogarcia59&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Horacio Sirico pregunta a Antonio Puñal la edad a la que se jubila un policía, como si la pregunta no viniera a cuento. “Ni idea, yo treinta y siete aún”, contesta el comisario mirando al subinspector con la desabrida expresión de un hombre al que han vertido sobre él una lata de alquitrán,  no pudiendo evitar  la incómoda sensación de sentir como sobre su cabeza se ha muerto un enorme murciélago que se escurre y va invadiendo su cuerpo.</p>
<p>-Los años que usted  tiene no me interesan, a mí lo único que me importa es el principio de mi vejez. La pregunta era honesta…<br />
- ¡Yo qué sé!, sólo veo negro, ¡qué oscuro está todo!, coño, y tú preguntando que a qué edad se jubila un policía… ¡pues a la que le salga de los cojones!</p>
<p>Esta noche han matado a un hombre en el callejón de los filipinos y Horacio Sirico  está haciendo una verdadera obra de arte con la tiza: silueta en tiza sobre fondo asfalto. “Pintura matérica, diría yo, aunque en esta ocasión se acerca al Art brut”. Habla en voz alta, orgulloso y megalómano, para que lo escuche quien quiera de los muchos que se han arremolinado para ver más al muerto que al policía que trajina en cuclillas, afanado en su tarea de pintor oficial de la institución armada: “no puedo contar las veces que mis obras se han visto enriquecidas con el color moribundo de una hoja de árbol caída o una colilla de cigarrillo aplastada o un papel charolado de caramelo o una deyección de perro, pero lo que me está saliendo hoy ni el en Ateneo Art Gallery, en la Katipunan Road de Manila, se puede admirar: un filipino matado a cachiporrazos.</p>
<p>El comisario Puñal no soporta la idea de abrir una investigación profesional y concienzuda<br />
                  –él es un funcionario burócrata de despacho con miras a ser amo y señor de otro despacho de unas dimensiones (“con uno así me conformo, ¡coño que sí!”) que podrían oscilar entre las de una pista de tenis y las de una piscina olímpica (con mesa de nogal al fondo): “qué coño, en los despachos grandes se resuelven los crímenes con dos papeles y una llamada de teléfono”-<br />
y desea zanjar todo este asunto del filipino archivándolo cuanto antes, clasificado como un simple ajuste de cuentas entre delincuentes orientales, y los delincuentes orientales “ya sabe usted, mi querido señor ministro, ellos a lo suyo…, porque  nosotros los polis…, la autoridad quiero decir…, aquí poco tenemos que hacer, qué coño, y menos si son filipinos, menudos puntos filipinos son los filipinos…”;<br />
pero el muerto está arrojado sobre el  asfalto y es inevitable que los vecinos del callejón y aledaños no estén excitados, como el propio Puñal –a pesar suyo-, que ya ha visitado en esta sola ciudad a más de ciento setenta y tres muertos asesinados, aunque de todos ellos sólo éste matado a cachiporrazos.</p>
<p>Horacio Sirico: “El arma homicida, la cachiporra asesina, debe ser de madera de boj: la madera de boj es muy buena para hacer cucharas, barcas y cachiporras, cortitas, como las que llevan los polis uniformados de las películas de Chicago de los años treinta, señor Puñal”,</p>
<p>“¿a qué edad nos jubilamos los polis?”</p>
<p>“Debe ser una cachiporra rematada con una bola ornamental por la zona más fina, es decir por donde se agarra; esa esfera tal vez esté taladrada para que hayan podido introducir por el orificio la cuerda, correa o cadenita que el manipulador acopla en su muñeca. El nuestro es diestro, perfectamente se ve que la primera hostia le vino a la víctima de frente y por su lado izquierdo, golpeó de forma limpia, como si el arma hubiera llegado volando con una violencia diferente a cuando tienes la inseguridad de que el palo se te puede escapar de la mano. Tal vez el asesino no haya sido un filipino y sí un japonés, porque el boj, metidos en el terreno de la jardinería<br />
(a la que yo dedicaré una parte de mi tiempo cuando me jubile, señor comisario),<br />
ya venía usándose en el milenario Japón, además de la Grecia y la Roma antiguas, dato éste que deben conocer ustedes…”.</p>
<p>El alquitrán le cae al comisario Antonio Puñal por los hombros y le resbala por el  pecho y la espalda hacia el culo, hacia las ingles.</p>
<p>Sirico piensa en voz alta, con el público callado formando un semicírculo a su alrededor, trabajando con oficio la silueta del muerto, en tanto que su cabeza pergeña ocurrencias que se le amontonan unas sobre otras en un esbozo muy personal de investigación del crimen al que él ya ha bautizado, nada más tocar la tiza en el asfalto, justo al lado de un zapato mocasín marrón (siempre empieza a dibujar al muerto por el pie izquierdo, es una costumbre…): El caso del punto filipino, lo ha llamado.</p>
<p>Antonio Puñal: “Cuando esta brea me llegue a los güevos, me los ponga más negros de los que ya son, guardia Horacio, te voy a pegar cuatro tiros con mi pistola no reglamentaria 9 mm Pietro Beretta. ¡Dibuja y calla, coño!”  Horacio Sirico considera  un insulto muy desagradable que le llamen guardia y Antonio Puñal lo utiliza en los momentos de extrema realidad:<br />
“Si usted viera más coños, no diría tanto coño, señor comisario”, dice una señora de unos setenta y tres años. “El señor Sirico es un pintor muy interesante, muy interesante, ¿cuánto le falta para jubilarse, joven Horacio?”.</p>
<p>Horacio Sirico: “Grandes maestros del arte de los siglos precedentes, por no contar los casi todos de éste, tenían otros oficios, porque la pintura no les daba para comer, claro está, e incluso alguno pudo ser alguacil o policía, como yo, deseoso también de que le llegara pronto la jubilación para retomar la dulce juventud tan despilfarrada<br />
                   (como todos los hombres que la perdieron,  añoro la fuente de los pecados que manaban alegres y perezosos aquellos lejanos y luminosos días de la juventud)<br />
y saborear de nuevo  aquello  que tan alegremente arrojé a la insolencia de la madurez,<br />
                  señora,<br />
y dejar de una vez por todas de soportar a jefes como mi querido jefe, aquí presente el señor Puñal, un hombre tan perturbado y tan deprimido por sus obsesiones de poder”.</p>
<p>“Don Giorgio es mi maestro, ¡cuánto le admiro!&#8230; pero miren, miren como se desliza la tiza por la rugosidad del asfalto, que maravilla realiza en la curva de este codo… Esta obra mía de hoy está evocando un ambiente sombrío y abrumador. Los pinceles de aquel hombre, me refiero a los de don Giorgio, pintando arquitectura plasmaban pura emoción, universo límpido; miren este sucio callejón, fíjense en las perspectivas, fíjense en ustedes envueltos en sombras, umbríos personajes  a la orilla de este crimen”.<br />
“Señora, permítame que le diga, es una nueva teoría del arte la que yo estoy trazando con mi tiza. El filipino muerto es un trofeo, simplemente, un motivo para pintar, como pintaban los hombres rupestres sus piezas de caza en la roca cruda de sus cuevas; ¡qué arte aquel!, siluetas al fin y al cabo, y qué poco hemos evolucionado hasta hoy”.</p>
<p>- “No me toques los cojones, Sirico, coño, no me toques los cojones…”</p>
<p>Horacio Sirico: “Grandes maestros del arte tenían otros oficios y alguno pudo llegar a ser policía, como yo…”<br />
Sirico habla sin ton ni son sobre sus pasiones artísticas, se zambulle en cuestiones metafísicas, pero en el trasfondo de su perorata –es la mejor manera que él tiene de investigar- hay un batiburrillo de pensamientos intentando buscar  vanos de luz que le iluminen en el caso del filipino asesinado: “palabras que me desbrozan el boj de este misterio, digo”.<br />
- No es tu cometido, guardia Sirico, descubrir al asesino, tú pinta y calla, coño, el muerto muerto está , y no me deprimas más de lo que yo ya estoy, no puedo ni respirar por culpa de esta costra negra que me invade como una noche.<br />
- Más deprimido que usted está el punto filipino, señor Puñal, y no se queja. Un hombre que ha sido matado con una cachiporra japonesa tiene mucho de romántico… y de melancólico.</p>
<p><strong>ENSOÑACIÓN DE UN FUTURO LUMINOSO Y NO LEJANO.</strong><br />
<strong>REALIDAD DE UN NEGRO PRESENTE DE CALLEJÓN</strong></p>
<p>A Puñal le encantaría ser partícipe de una escena así, en su despacho de pez gordo: “Señor comisario jefe, aquí le traigo la solicitud del cambio inmediato de destino del subinspector de policía Horacio Sirico, ese gilipollas que heredé de usted en la comisaría, que no se termina de jubilar nunca, el que pinta las siluetas de los muertos matados, el que tanto le desagradaba cuando usted tan honrosamente ocupaba el puesto que yo ocupo hoy<br />
                          -¡qué buen comisario fue usted, que listón tan alto dejó en esta necesaria y santa institución armada, señor!-<br />
y que, como a usted le sucediera, tanto me irrita a mí con sus petulancias de artista”…</p>
<p>Pero esa demanda de su sustituto no existe, sólo es una simple ensoñación, Puñal no está  sentado en un  flamante despacho de pez gordo, sigue aquí, en el callejón de los filipinos, de pie, fastidiado y goteando una inmensa negrura<br />
                         “(si es que lo mío no es estar en la calle, coño, lo mío es una piscina olímpica con mesa de nogal al fondo, sin asesinatos ordinarios, sólo con  “muertos políticos”, los justos y necesario sobre la misma, nada más…: Señor ministro, me acaba de llegar el asunto de los filipinos…, pero todo está resuelto, dos llamadas de teléfono, cuatro carpetazos, un par de funcionarios expedientados y ya está…, qué coño).<br />
Para el comisario puñal lo más cierto de su vida en este momento es esperar con impaciencia a que termine su tarea Horacio Sirico, aguardar anegado en esta pasta negra que le moldea una tristeza infinita. Esperar a que venga el juez de una vez y se lleven al filipino…<br />
- Eh, Puñal, ¿cuánto queda para que me jubile?<br />
- No lo lograrás hasta después de que venga el señor juez, ¡coño ya! <br />
- Cuando yo me vaya, usted me va a echar de menos, ¿quién le va a pintar mejor que yo estos asesinados. Pero… ¿Y esto?, … amigo, amigo, amigo…  ¿Pero qué nos estamos encontrando aquí…?, …bueno, bueno, bueno… Si se fija bien, mire aquí, agáchese y mire aquí, donde la carnicería: parece como si fueran golpes asestados por mujer.<br />
- ………………………………………………………………………………………………………………………………………<br />
- Una mujer machacó el cráneo de este hombre.<br />
Un murmullo se agita entre el público presente, se respira una especie de incomodidad recién estrenada.<br />
- A este filipino le ha matado una mujer con una cachiporra de boj… ¿Ha visto, señora, hasta donde nos puede llevar el arte? Mi tiza, y no me pregunte el porqué, me dice que ha sido una mujer la autora del crimen.<br />
- ¿Por qué, señor Sirico, por qué dice usted que hemos podido ser una mujer?</p>
<p>&nbsp;<br />
<strong>EL PÚBLICO ASISTENTE ADQUIERE SU CUOTA DE PROTAGONISMO</strong></p>
<p>Sirico: “¿A que ninguno de ustedes, señores míos, sabe cómo se llama nuestro filipino muerto? Usted, caballero, por sus rasgos  físicos parece  filipino, ¿no le conoce?; señora, usted es filipina de raza, ¿no sabe su nombre? Señorita…. “</p>
<p>Y la señorita es una bellísima hembra oriental.<br />
A Horacio Sirico se le cae la tiza, hace clac y se parte en dos justo al lado del dedo meñique de la mano izquierda de la silueta, dejando impreso un perfecto punto blanco sobre fondo asfalto. “líndísima juventud, te pintaría con un trazo infinito de luz…”, balbucea mientras abre su maletín y extrae otra tiza intacta, de blanquísimo yeso.</p>
<p>Sirico: “Qué punto, qué punto… que conste en el informe  ese punto que la belleza de esta hermosísima joven ha inspirado a la tiza rota, estampándolo tan apropiadamente junto al cadáver, no pertenece a la anatomía del asesinado, pero sí que es el punto de partida que esclarece el caso del punto filipino”</p>
<p>Puñal: “Ya no vales ni para sujetar la tiza, coño”.<br />
Sirico: “¿De qué color es la felicidad que usted, señorita, puede regalar a un hombre?” ¿No sería este filipino su hombre?”<br />
Señorita filipina: “Yo…”<br />
Señora de unos setenta y tres años: “¿Por qué dice usted que a Danilo Pula lo ha matado una mujer?”<br />
Puñal: “Coño, Pula… Con que sabemos su nombre y nadie abría el pico”<br />
Sirico: “Hasta que no se me ha caído la tiza…”<br />
Señora de unos setenta y tres años: “Es que como le vemos a usted tan deprimido señor comisario, si le decimos que nuestro muerto es Danilo podría haberle incitado a hacer alguna barbaridad que atente contra los intereses de la comunidad filipina…”<br />
Puñal: “¡Cállese, coño, señora! O la incrimino y cierro el caso. Al fin y al cabo a ese lo ha matado una mujer…”</p>
<p>Sirico: “¡Entonces me da la razón, querido señor comisario! El respetable debe saberlo y debería grabárselo: En esta fecha, al amanecer en el callejón de los filipinos del día 9 de abril de 73 del siglo XX d.C., Antonio Puñal, de profesión comisario de policía con pretensiones a más, reconoce que el pintor del cuerpo armado, guardia nº 73937, horacio Sirico tiene razón”.<br />
 </p>
<p><strong>RESOLUCIÓN DEL CRIMEN&#8230;, SIN MÁS</strong></p>
<p>“Yo…<br />
Mi nombre es Belisa Bungay y ese hombre que ahí está matado es Danilo Pula. Confieso que soy su asesina”.</p>
<p>“Digo que soy culpable. Señor comisario, le digo que ya nada tiene que investigar aquí, detesto el olor a brea que despide su cuerpo. Es cierto que a Danilo Pula lo ha matado una mujer  diestra con una cachiporra de madera de boj.<br />
Yo”.</p>
<p>“Y a usted,  señor Sirico, por favor le pido que sea tan amable de mandarme una fotografía de esta silueta  a la celda donde perderé mi  juventud. No la deseo  por Danilo, que era un perfecto hijo de puta filipino, sino por usted.  Señor Sirico dibuja tan maravillosamente bien que no puedo evitar proclamarme como la culpable de esta muerte, yo soy la única responsable de la obra de arte que usted ha creado en este oscuro callejón: “Silueta en tiza sobre fondo asfalto”.</p>
<p>Antonio Puñal: “¡Vaya pico que tiene, coño!, ¡se quiere callar y dejarse detener sin tanta verborrea!”</p>
<p>Señora de unos setenta y tres años: “Belisa… ¿estás segura de que no estás loca?”</p>
<p>- Ella lo hizo –dice una voz  filipina desde el otro lado de un balcón oscuro.<br />
- Ella lo hizo –se oye un coro filipino-.<br />
- Ella lo arrojó al callejón de los filipinos.<br />
-  Yo lo hice…</p>
<p>“Mi nombre es Belisa Bungay y he matado a este hombre con una cachiporra de boj japonés. No necesita investigar nada, señor Puñal, en este bolso la he metido y usted podrá comprobar que es el  arma de mi crimen. Y su investigación ha concluido. Su subordinado ha sido tan certero y es tan artista…</p>
<p>Señora de unos setenta y tres años: “A lo mejor te llevan a una institución psiquiátrica y te libras del presidio, Belisa”.<br />
Horacio Sirico: “Señorita Bungay,  ¿le envío también  los trozos de tiza con que he siluetado la muerte de Danilo Pula?”<br />
 <br />
“Mi nombre es Belisa Bungay y tenía que matar a un hombre para descubrirle a usted, señor Horacio. Yo soy  la culpable. Y soy feliz: porque usted, como un jovencito  tarambana, como un puntito filipino que es, me ha hecho entrega del Arte.  Mi color de la felicidad es su blancura. Déjeme que bese su mano manchada de tiza, señor  Sirico. Si me asesinan, aunque  ya esté jubilado, le ruego que venga desde allí dónde esté bebiendo de esa juventud que tanto anhela volver a saborear  y pinte mi silueta. Y usted, Puñal, anéguese en la  viscosa y negra pringue de ese murciélago que tiene muerto en la cabeza”.</p>
<br />  <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gocomments/marianogarcia59.wordpress.com/61/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/comments/marianogarcia59.wordpress.com/61/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godelicious/marianogarcia59.wordpress.com/61/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/delicious/marianogarcia59.wordpress.com/61/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gofacebook/marianogarcia59.wordpress.com/61/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/facebook/marianogarcia59.wordpress.com/61/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gotwitter/marianogarcia59.wordpress.com/61/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/twitter/marianogarcia59.wordpress.com/61/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gostumble/marianogarcia59.wordpress.com/61/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/stumble/marianogarcia59.wordpress.com/61/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godigg/marianogarcia59.wordpress.com/61/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/digg/marianogarcia59.wordpress.com/61/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/goreddit/marianogarcia59.wordpress.com/61/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/reddit/marianogarcia59.wordpress.com/61/" /></a> <img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=marianogarcia59.wordpress.com&amp;blog=697701&amp;post=61&amp;subd=marianogarcia59&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://marianogarcia59.wordpress.com/2011/11/23/el-punto-filipino/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
	
		<media:content url="http://0.gravatar.com/avatar/4a19a245cbd6d93e1bc3dec84495da61?s=96&#38;d=identicon&#38;r=G" medium="image">
			<media:title type="html">marianogarcia59</media:title>
		</media:content>
	</item>
		<item>
		<title>La Pintora</title>
		<link>http://marianogarcia59.wordpress.com/2010/02/01/la-pintora-2/</link>
		<comments>http://marianogarcia59.wordpress.com/2010/02/01/la-pintora-2/#comments</comments>
		<pubDate>Mon, 01 Feb 2010 17:38:04 +0000</pubDate>
		<dc:creator>marianogarcia59</dc:creator>
				<category><![CDATA[1]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://marianogarcia59.wordpress.com/?p=39</guid>
		<description><![CDATA[1 MACROSALAS OFICIALES DE arte moderno. Sólidos muros dispuestos a colgar las obras de los grandes artistas del siglo XX llegados del Norte del Globo. Techos altísimos, largos corredores, columnas de granito&#8230; Siguiendo la flecha me dirijo dispuesto a admirar la última reflexión del pintor matérico más representativo que el mundillo del arte ha colocado [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=marianogarcia59.wordpress.com&amp;blog=697701&amp;post=39&amp;subd=marianogarcia59&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>1</p>
<p>MACROSALAS OFICIALES DE arte moderno. Sólidos muros dispuestos a colgar las obras de los grandes artistas del siglo XX llegados del Norte del Globo. Techos altísimos, largos corredores, columnas de granito&#8230; Siguiendo la flecha me dirijo dispuesto a admirar la última reflexión del pintor matérico más representativo que el mundillo del arte ha colocado merecidamente en el pedestal de los grandes genios, jugándome la imaginación la mala pasada de percibir un cierto tufo fantasmal que se desprende del recuerdo sin nombre de aquellos convalecientes que entre esas paredes sufrieron sus males, sus tormentos físicos, sus terribles enfermedades. Paradójicamente hay que descender por una ancha escalera para contemplar la excepcional muestra -promiscuidad de escultura y pintura de un artista que ha tocado la gloria del Cielo, en opinión de los críticos culturales más incorruptibles- esparcida, sí, decimos bien, esparcida por las paredes y estancias de la gran galería habilitada en el sótano del antiguo hospital sabatiniano.</p>
<p>No puedo contener la curiosidad de observar a los otros visitantes que, como yo, se pararán extasiados en cada una de las obras allí expuestas, yendo de unas a otras en zigzag, extrayendo la sustancia, los terribles mensajes que el viejo artista se ha tomado la molestia en plasmar a través de objetos inútiles: sillas rotas, cartones, arena mezclada con pegamentos y aceite usado como lubricante de maquinaria, platos, trapos sucios, alambres oxidados, maderos, latas medio vacías de pintura, crines de mula o caballo, lunas de armario ropero, cestas de huevos&#8230;, todos ellos salpicados con originales grumos de óleo u otras clases de pigmentaciones aprovechadas para el caso. Me paro ante el que considero menos matérico de todos los cuadros: un lienzo blanco sucio de gran formato en el que dos gruesas rayas negras se cruzan recordando a una cruz cristiana tumbada en un día de Pasión; en alguna zona de esa blancura groseramente maculada, el artista tuvo la delicadeza de erosionarlo con pequeñas rasgaduras, provocando así un sentimiento de desasosiego que el espectador sufre cuando se enfrenta a esa gran superficie tan desconcertante: «¿Qué es eso?», pregunta alguien a su acompañante; «eso es la M-30», le susurra. No puedo contener la cólera ante tanta desfachatez cultural que rezuma de esa confidencia: me hubiera gustado decirles con la navaja en la mano que ésa es una gran obra de arte, quizás la más inspirada que el pintor realizó en un tiempo récord que nunca superaría los veinte minutos: ahí, me gustaría haberles dicho antes de clavarles el arma de cachas verdes, está contenido todo el dolor humano, en esas rasgaduras, en esas terribles rayas negras que atraviesan la sucia blancura.</p>
<p>Pero no lo entenderían. Como no comprenderían que el gran artista del siglo XX no hace nada más sencillo que exponer en los sótanos del vetusto gran hospital un capítulo más de su nueva teoría sobre el arte, y debemos matizarlo con mayúscula, Arte. Pero el visitante de base, despistado con todas aquellas manifestaciones que se alejan de la vulgar copia de la Naturaleza, se ríe de las barbaridades que allí va encontrándose: «Esto parece el almacén de un trapero», oigo a uno protestar mientras miro la cara de disgusto de estudiantes de bellas artes que se han acercado curiosos, mandados por su profesor de estética, quien les alentó a que se acercaran allí cuanto antes, pues la lección que tomarían les haría madurar, les serviría para ser ellos grandes genios del futuro.</p>
<p>Ante una pila de platos -blancos- me paro: una guardiana de la sala me mira asombrada cuando, con la boca medio abierta (el labio de abajo más caído de los normal y casi babeante), doy vueltas y vueltas alrededor de la columna que forma la vajilla (parece sustraída de un modesto restaurante de comida casera); y la uniformada se cuadra en posición de alerta, ajustándose en la oreja el pinganillo que la mantiene en contacto con el universo de los vigilantes, cuando me dirijo a ella y le pregunto que quién es el encargado de limpiar las piezas de arte, porque el último plato de arriba está cubierto de una densa película parda de polvo y pelusas: «nadie, aquí la obra lo es todo», me contesta, seca, zanjando el tema. Entonces alguien, quizás tan interesado como yo en la muestra, me susurra al oído: «¿Tú eres eyaculador precoz». Ante el panorama plástico que presenta la sala no me extraña la pregunta, aún viniendo de una aterciopelada voz femenina. Al girarme no doy crédito a mis ojos al contemplar un rostro y un cuerpo de proporciones más propio de un Fidias de la Grecia Clásica que del tormento creativo del padre de esta exposición. La hermosa mujer, de líneas exactas, me sonríe: vestida con tejanos ajustados y cazadora de aviador, la melena negra suelta. «Probablemente no sea eyaculador precoz», le digo.</p>
<p>Recorremos juntos lo que falta de muestra. Me invita a que siga atentamente las reacciones de un grupito de personas de mediana edad que muy serias pretenden encontrar sentido a lo que allí ven: «el pintor usa de los elementos que encuentra a su alcance para así hacer de la plástica una manifestación única y original, incapaz de ser reproducida por cualquier otro artista menos imaginativo», dice uno del grupo, y todos le dan la razón, y mi acompañante accidental, y yo, pero, me dice ella, «usa de la telepatía y métete en cualquiera de esos cerebros, el de ese de ahí te puede servir, verás qué sorpresa»: «Esto es una auténtica mierda», escucho con toda claridad metiéndome por los recovecos de la calavera del que tan serio razonamiento expusiera a sus amigos.</p>
<p>-¡Vámonos de aquí! -le digo sin tener en cuenta si ella desea continuar viendo lo que resta de exposición-, no soporto tanta hipocresía.</p>
<p>2</p>
<p>Jose va y viene. Jose siempre va y viene de un lado para otro, diremos que es un camarero ejemplar. Siempre está buscando vasos debajo de las mesas de su bar. Pero su música es un buen rock and roll y merece la pena beber lentos sorbos de su bourbon. La mujer sigue a mi lado, tiene un bonito cuerpo y una belleza extraña, de sus ojos salen chispazos lujuriosos que me excitan. Habla constantemente mezclando en su conversación una y otra vez frases eróticas, alusiones a mi virilidad. Pero lo que más me entusiasma es la forma que tiene de tocar y coger los objetos, el vaso, el cigarrillo&#8230;, cómo hunde su mirada en ellos, haciendo un detallado análisis con el tacto y los ojos de cuanto la rodea. Y de todas las cosas que mira, yo soy quizás la que más le interesa.</p>
<p>-Soy pintora, ¿sabes? -me dice.</p>
<p>-Bueno&#8230;</p>
<p>-Y quiero pintarte, pero si no eres eyaculador precoz.</p>
<p>-Bueno&#8230;</p>
<p>-Eres el modelo ideal.</p>
<p>-Nunca me lo había planteado -no sabes qué decir-. Pero seguramente no sea eyaculador precoz.</p>
<p>-Te pagaré haciéndote el amor.</p>
<p>-¿Y yo a ti no?</p>
<p>-Tú posarás -apuro el bourbon de un trago y busco desesperadamente a Jose para que me sirva otro. Ella me mira dando sensuales sorbitos de su licor ambarino, mientras, aplastándose contra mí, introduce una de sus piernas por entre las mías, levanta la rodilla y golpea con ella mi sexo: «estás excitado. ¿Cuánto mide?». Jose tarda en llegar.</p>
<p>-¡¡Jose, Jose!! -le llamo. Me hace un gesto de que me tranquilice, que ya viene.</p>
<p>-Servirás, ¡claro que sí!, serás el mejor modelo de todos -ahora su mano acaricia la bragueta. No le importa que la gente nos mire. Seguramente nadie lo haga.</p>
<p>…………………………………………………………….</p>
<p>-¡Joder, Jose, ya era hora que vinieras!, sírvenos otra.</p>
<p>-No, Jose, no nos sirvas nada. Ya nos íbamos –dice ella agarrándome de la mano y arrastrándome fuera del bar.</p>
<p>3</p>
<p>Se desnuda. Su figura es magnífica. Sin ropas, su rostro te recuerda a una dama de Modigliani, pero su cuerpo es la fotografía agresiva de una modelo pornográfica.</p>
<p>Quieto en mitad de su estudio observo sus movimientos sensuales, deslizándose como una pantera se acerca hasta tocarme, me acaricia los labios, me besa y empieza a desabrocharme el cinturón, a bajarme la cremallera de los pantalones, me saca el sexo, que se libera excitado y desafiante. «Es como la imaginaba», dice. Cuando yo ya no puedo contener el impulso del abrazo, se aleja, rebusca en un cajón, saca una cinta métrica de sastre amarilla, vuelve a mí  y empieza a medir con dedos expertos el diámetro, la longitud: «no esta nada mal», se ríe.</p>
<p>-Y ahora, como premio, vamos a dejar que esa cosa goce. ¿Cuánto hace que &#8230;?</p>
<p>-Probablemente no sea eyaculador precoz -digo y me sorprendo al comprobar que aguanto bien los envites, que a pesar de tener ese inmenso cuerpo agitándose debajo del mío  soy capaz de no derramarme en el primer suspiro&#8230;</p>
<p>4</p>
<p>Los primeros días las sesiones son cortas en el estudio de la pintora. Diez, doce minutos posando. Me ha impuesto como condición necesaria que yo no vea las evoluciones de su trabajo y que mi sexo esté siempre erecto, trance que en este corto espacio de tiempo supero divertido y expectante, saboreando los placeres que obtendré una vez me deje que la penetre y se desahogue tanta sangre acumulada; me hace feliz pensar en el cigarrillo del reposo y en la copa de bourbon que compartiremos una vez acabado el trabajo de la jornada. Ella, para mantenerme la dureza y la longitud máxima me susurra palabras procaces desde el otro lado del caballete, hace pausas para desnudarse en excitantes movimientos y gestos, usando el lienzo como cortina erótica.</p>
<p>Pero ella se vuelve implacable, la sensualidad empieza  a convertirse en agresividad según las sesiones van alargándose, pasando de quince minutos a treinta y de treinta a una hora, y así hasta alcanzar más de dos posando inmóvil, sin opción a un descanso, sin la posibilidad de dejarme beber un sorbo de bourbon. El acto sexual posterior va convirtiéndose en rutina y la eyaculación que lo culminará será una necesaria y simple función mecánica que aliviará  mi organismo cada vez más forzado en hacer algo que empieza a dejar de gustarme.</p>
<p>A medida que va reproduciéndose mi imagen en el lienzo, ese cuadro que no me deja ver, ella cada  vez es más imperativa y antipática. He empezado a arrepentirme, pero, recordando mis largas sequías de sexo, volveré a la siguiente sesión, atraído por el reclamo de su cuerpo. Pienso que no está mal el precio que la pintora tiene que pagarme: dejar que me derrame lentamente  y sentir cómo el miembro viril deja de ser viril para volverse un apédice flácido y blando es un pago extraordinario y gratificante.</p>
<p>Pero llegará, cuando dice que ya sólo le faltan algunos retoques, la desesperación. Minuciosa y lenta trabaja en detalles de mi cuerpo, horas y horas perfeccionando mi anatomía en el lienzo. Y yo debo mantenerme en la posición de pose, haciendo terribles esfuerzos de la imaginación para que el pene se mantenga con la dureza justa que ella quiere. «Ahora más que nunca debe estar tiesa, porque estoy rematándola y no quiero perder ni un solo detalle», me dice.</p>
<p>5</p>
<p>«Creo que únicamente le falta el glande por pintar. En los últimos días el dolor ha llegado y es algo insoportable. Odio ese cuadro. Si lo acaba algún día no lo miraré. Ella está entusiasmada ahí, detrás del caballete, pasando ese pincelito una y otra vez por mi rosada anatomía (es persistente como el camarero Jose buscando vasos debajo de las mesas de su bar), ese fino pincel de pelos de marta –herramienta que yo considero de tortura y no un delicado objeto, el único con el que se logra la máxima perfección en el detalle, como asegura orgullosa-. Si tuviera un poco más de entereza, lograría que desapareciera el deseo de poseerla. Porque mañana será otro tormento, me tendrá toda la tarde inmóvil, se desnudará, sí, para que no se ablande esto, y yo no podré contener mi débil virilidad.  Pero no puedo remediar que me siga gustando esta mujer dueña de ese poderoso cuerpo que anula mi voluntad. La odio y detecto su cuadro, y la deseo -sí, decimos bien, la deseo-. No quiero venir, pero vendré mañana. Odio ese cuadro».</p>
<p><strong>6</strong></p>
<p>No pensar. Mi esfuerzo debe centrarse en no pensar en nada. O alejarme a otros contextos, al día que la conocí en el gran templo del arte contemporáneo, y recrearme en el recuerdo de aquellas obras esparcidas por la gran galería, en las personas que las contemplaban sin saber qué es lo que estaban viendo, si arte o residuos culturales. Ese cuadro que no me deja ver, ese yo fálico que está reflejado ahí no debe inquietarme, porque, si así es, ella saldrá vencedora.</p>
<p>Aprovechando un momento en que ella está absorta haciendo una mezcla de color en la paleta, en un rápido movimiento atrapo el pantalón de una silla en la que está arrojado y del bolsillo saco la navaja verde: «No te muevas», me dice cuando otra vez vuelve a pasar el pincel por el cuadro que desconozco, absorta en su trabajo. Su cuerpo desnudo, casi rozando el lienzo, está quieto, sólo se mueve su mano: «Por favor, no te muevas», dice, pero ya voy caminando lentamente hacia el caballete que se interpone entre los dos y que nos impide vernos. La hoja de la navaja desgarra velozmente el lienzo y la siento clavarse en el cuerpo de la mujer al otro lado, sin darle tiempo a reaccionar, como si una raya negra cruzara el universo de un gran cuadro blanco sucio destruyendo todo lo que encuentra a su paso.</p>
<p>Como marioneta desarticulada la pintora se desploma en el suelo del estudio. Doy la vuelta y contemplo su última obra: una gota de sangre se descuelga pesadamente de mi glande.</p>
<br />  <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gocomments/marianogarcia59.wordpress.com/39/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/comments/marianogarcia59.wordpress.com/39/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godelicious/marianogarcia59.wordpress.com/39/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/delicious/marianogarcia59.wordpress.com/39/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gofacebook/marianogarcia59.wordpress.com/39/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/facebook/marianogarcia59.wordpress.com/39/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gotwitter/marianogarcia59.wordpress.com/39/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/twitter/marianogarcia59.wordpress.com/39/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gostumble/marianogarcia59.wordpress.com/39/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/stumble/marianogarcia59.wordpress.com/39/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godigg/marianogarcia59.wordpress.com/39/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/digg/marianogarcia59.wordpress.com/39/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/goreddit/marianogarcia59.wordpress.com/39/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/reddit/marianogarcia59.wordpress.com/39/" /></a> <img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=marianogarcia59.wordpress.com&amp;blog=697701&amp;post=39&amp;subd=marianogarcia59&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://marianogarcia59.wordpress.com/2010/02/01/la-pintora-2/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
	
		<media:content url="http://0.gravatar.com/avatar/4a19a245cbd6d93e1bc3dec84495da61?s=96&#38;d=identicon&#38;r=G" medium="image">
			<media:title type="html">marianogarcia59</media:title>
		</media:content>
	</item>
		<item>
		<title>Cigarrillos, whisky y una mujer salvaje</title>
		<link>http://marianogarcia59.wordpress.com/2007/07/13/cigarrillos-whisky-y-una-mujer-salvaje/</link>
		<comments>http://marianogarcia59.wordpress.com/2007/07/13/cigarrillos-whisky-y-una-mujer-salvaje/#comments</comments>
		<pubDate>Fri, 13 Jul 2007 16:58:19 +0000</pubDate>
		<dc:creator>marianogarcia59</dc:creator>
				<category><![CDATA[Relatos]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://marianogarcia59.wordpress.com/2007/07/13/cigarrillos-whisky-y-una-mujer-salvaje/</guid>
		<description><![CDATA[    1  La noticia vino publicada en un recuadro pequeño en la sección de local del periódico, justo encima del anuncio de un perfume de mujer. La publicidad era poco atractiva, con un diseño tosco, en blanco y negro; la belleza de la modelo, que sostenía un minúsculo frasco sobre la palma de una mano mientras [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=marianogarcia59.wordpress.com&amp;blog=697701&amp;post=21&amp;subd=marianogarcia59&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong> </strong></p>
<div><strong><span style="font-size:medium;color:#231f20;font-family:Arial,Bold;"> </span></strong></div>
<p><strong><span style="font-size:medium;color:#231f20;font-family:Arial,Bold;"><span style="color:#231f20;font-family:Arial;">1 </span></span></strong></p>
<p><span style="color:#231f20;font-family:Arial;">La noticia vino publicada en un recuadro pequeño en la sección de local del periódico, justo encima del anuncio de un perfume de mujer. La publicidad era poco atractiva, con un diseño tosco, en blanco y negro; la belleza de la modelo, que sostenía un minúsculo frasco sobre la palma de una mano mientras se esforzaba por sonreir, se esfumaba por la trama del papel prensa, y eso le hacía perder la fascinación. Me defraudó.</span></p>
<div><span style="color:#231f20;font-family:Arial;"> </span></div>
<p><span style="color:#231f20;font-family:Arial;">- Jose, en la prensa no se deberían anunciar los perfumes.</span></p>
<p>- Si tú lo dices&#8230;</p>
<p>Y la noticia no decía la verdad. La verdad sólo la sabía una mujer negra que estaba en el otro andén en el momento del accidente, justo enfrente mío. El periódico contaba el suceso como si hubiera ocurrido muy lejos, como si no correspondiera a este lugar: no había coherencia en la información, parecía como si el redactor hubiera metido los datos en una coctelera llena de hielo y, después de agitarla bien, hubiera derramado el contenido sobre la pantalla del ordenador sin revisar lo que allí había salido. Informaba sobre el arrollamiento por un tren y la muerte rigurosamente necesaria de un hombre de mediana edad, no especificando si éste se había arrojado a las vías o se había caído o le habían empujado; es evidente que no podía saberlo, pero podía haber jugado con su imaginación, plantear al lector el dilema de un tipo que espera el tren y, de pronto, ¡zas!, todo se acaba, la disyuntiva del último viaje, si el último de la vida o el primero de la muerte.</p>
<p>Era una noticia corta, insignificante, un suelto en mitad del océano de palabras del periódico, justo encima del anuncio del perfume. Daba la sensación de que la información que le precedía en la columna se había quedado coja y tuvieron que rellenar el resto con la primera noticia de recurso que encontraron. No había pasión ahí, era pura rutina de un periodista aburrido que estaba harto de leer teletipos: era el conciso informe que redacta la Policía y que luego envía a las agencias. No había humanidad, ni siquiera profesionalidad, en ese trozo de columna: si al menos hubieran publicado que había sido el tren de Lisboa&#8230;, o que era el declinar de la tarde (límpísima, por cierto) hacia una noche que se prometía llena de sugerencias y que no sería, precisamente, la noche donde violentamente el muerto había entrado y de la que no saldría jamás; si hubiesen descrito -no importa si a vuela pluma- las caras de estupor que se nos pusieron a los que allí esperábamos o del ataque de nervios que sufrió la vendedora de helados&#8230; Pero nada, sólo el atropello y su trágica consecuencia, ni siquiera como había partido el cuerpo en dos la máquina y había arrastrado una de las partes dejando sanguinolentos despojos pegados en las traviesas de la vía durante unos doscientos metros. «Un hombre muere en el acto arrollado por un tren de largo de recorrido sin parada en el apeadero&#8230;»</p>
<p>Era patética la noticia del periódico. Era patético el anuncio del perfume. ¿No hubiera sido mejor escribir: «El Talgo de Lisboa mata a un hombre al atardecer cuando éste intentaba cruzar la vía»? Porque ese insensato lo que estaba haciendo era cruzar la vía sin mirar, ciego porque sus ojos estaban en el otro andén. Se lanzó al vacío de los raíles y la muerte se le echó encima metamorfoseada en un poténtisimo tren, sugerente y cargado de la luz y la sensualidad de Lisboa&#8230; Eso es lo que tenía que venir escrito en el periódico y no esa frialdad en la redacción, esa neutralidad a la hora de contar el suceso. ¡Vaya periódico! ¿No hubiera sido mejor no publicar el anuncio?</p>
<p>- ¡Otro whisky, Jose!</p>
<p>- ¡Hecho!</p>
<p>Jose, ¿qué opinará él de estas cosas?, ahí está sirviéndonos con esa diligencia sumisa del que lleva cuarenta años detrás de la misma barra&#8230;</p>
<p>- ¿Qué opinas tú, Jose, del atropello del tren?</p>
<p>- Son cosas que pasan. Le llegó la hora y no tuvo tiempo ni de despedirse, el hombre&#8230;</p>
<p>«Son cosas que pasan&#8230;». Y esa expresión, tan ambigua, contiene el calor de la buena información: «&#8230;no tuvo tiempo ni de despedirse, el hombre», y ahí está el dolor que no supo captar el periodista.</p>
<p>- Yo estaba allí, a su lado, cuando se precipitó al vacío de la mujer negra. Yo tampoco vi que llegara el tren, es como si hubiera surgido de la nada.</p>
<p>- «Post morten nihil est ipsaque mors nihil»(1)<span style="color:#231f20;font-family:Arial;"><em>(tras la muerte no hay nada, y la muerte no es nada»,</em> que diría Séneca. Yo digo sólo que la muerte viene de la nada -sentencia Jose-.</span></p>
<div><span style="color:#231f20;font-family:Arial;"> </span></div>
<p><span style="color:#231f20;font-family:Arial;">- A lo mejor la muerte no era una locomotora&#8230;, que digo yo -y bebo un trago largo, porque sé que Jose me hablará como un viejo filósofo durante mucho tiempo&#8230;</span></p>
<p>Le digo al veterano camarero que había una mujer en el otro andén, justo enfrente mío.</p>
<p>- ¡Ay!, que ese hombre murió cuando más necesitaba vivir -dice.</p>
<p>- Crueldades, crueldades, y ese periódico no ha sabido contarlo.</p>
<p>Le digo que la mujer negra llegó cuando yo ya estaba  esperando mi tren. Que estabábamos sentados en los incómodos asientos metálicos en sentido contrario el uno del otro, que ella se iría y yo no la volvería a ver, porque yo no iba a cruzar las vías y coger todo aquello que me daba&#8230; Que era una mujer espectacular&#8230; Una actriz de anuncios de perfumes. Ella no buscaba al otro. El tren de Lisboa tampoco&#8230;</p>
<p>- Espera un momento, ahora vengo, voy a atender a aquél&#8230;</p>
<p>- &#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;</p>
<p>Jose camina con parsimonia detrás de su barra, coge una botella sin mirarla, coge una copa sin mirarla y escancia sin mirar: se deja guiar por el chorro del licor murmurando en el vidrio, esa cantinela del alcohol que tan bien él conoce&#8230; Regresa respetuoso, no sin antes pasar la bayeta por el mostrador y secar un charquito de cerveza que quedó sobre el brillo del mármol&#8230;</p>
<p>- Entonces ella, que era una tiaza negra como he visto pocas (unas ancas como una potranca), vestida con un vestido rojo de mucho vuelo en la falda, va y se sienta justo enfrente mío y se abre de piernas.</p>
<p>- Las mujeres negras tienen un aroma especial. ¿Has disfrutado alguna vez de una mujer de color?- Y Jose me confunde una vez más:</p>
<p>-Yo una vez me enamoré de una clienta y tuve problemas para no abandonar a mi esposa, tan ciego estuve por ella. Hablaba de Kant y leía poesía de César Vallejo. Era una mujer muy inteligente, tenía unas piernas como las de tu negra. Hacíamos el amor ahí detrás y siempre era respetuosa conmigo&#8230;, ya sabes&#8230; Hubiera pasado un tren encima nuestro y no me hubiera enterado&#8230; ¿Me das un cigarrillo de los tuyos?</p>
<p>Me excitó tanto, le digo, que me inmovilizó en ese banco rojo del apeadero. No podía dejar de mirar su entrepierna, su enorme coño, tan negro y tan rizado. Ella, descarada, abría tanto los muslos incitándome, ofreciéndomelo todo, que me paralizó.</p>
<p>- Se conoce que no tenías la hora.</p>
<p>- Me eyaculé encima, como un niño que se mea&#8230; ¡Qué imbecil! Lo achaqué a que había tenido una mala tarde en el trabajo&#8230;</p>
<p>Tampoco, le digo, me hubiera dado tiempo el otro tipo: ese sí que se lanzó, y eso que ella no le miraba a él. Saltó el muy necio&#8230;</p>
<p>- ¡Saltó! -dice Jose.</p>
<p><strong>2</strong></p>
<p>A lo lejos, detrás de los cristales del bar de Jose se oye pasar un tren, un larguísimo tren de mercancias que cruza la noche. Lento y ruidoso, se oye su paso de animal nocturno camino de la negrura de la noche&#8230; Imagino la luz del faro de su vagón de cola, parpadeante, alejándose, un diminuto punto rojo de un tren que no se ve. La noche. El olor de la noche. Y a este lado del bar, Jose va y viene, con cadenciosa armonía, como una música suave y vieja que se desliza por las mesas, por los vasos y por las botellas, que me acaricia los labios en los lentísimos sorbos de whisky, este whisky que me salva otra noche más.</p>
<p>- ¿Y la negra se fue?</p>
<p>- No lo sé, Jose, no lo sé&#8230;, no puedo dejar de pensar en ella.</p>
<p>- Vendrá -y expulsa una voluta de humo&#8230;</p>
<p>- ¡Otro whisky, Jose!</p>
<p>Va y viene por su bar, es un gran ser humano, este viejo camarero, este viejo que no sabe hacer otra cosa que servir copas y copas&#8230;, y fumarse los cigarrillos de los clientes.</p>
<p>- ¿Y tuviste mucho tiempo rollo con la negrita esa?</p>
<p>- Una tarde se fue y no ha vuelto. Llegó más hermosa que nunca, se tomó un whisky de la misma marca que el tuyo, se fumó un cigarrillo como éste y se largó&#8230; Sin despedirse, sin levantarme la mano agitándola en un adios esperanzador al salir por la puerta, sin girarse siquiera para mirarme. Tuve consciencia de que no la volvería a ver. Entonces cerré el bar y empecé a beberme el resto del whisky que quedaba en la botella; cuando se acabó ésa, cogí otra, me fui a la máquina del tabaco, la abrí y fumé emborrachándome hasta dormirme en mitad del triste y sucio suelo del bar: fue largo y doloroso, dos cajetillas de tabaco, así de seguido, duran mucho&#8230;</p>
<p>- ¿Así, sin más&#8230;?</p>
<p>- Amanecí reventándome la cabeza&#8230;, cuando el sol espejeaba en los cristales. Pero no sé si fue él el que me despertó o porque desde el pesado sueño me sentí observado por los primeros clientes de la mañana, que no se atrevían a llamar&#8230;, a preguntar qué me pasaba. Si no está la puerta abierta no entra ni uno&#8230;</p>
<p>- Lógico, Jose, lógico&#8230; El cliente es respetuoso cuando hay una cerradura echada&#8230;</p>
<p>- Lo único que había entrado había sido un sobre marrón por debajo de la puerta. Un sobre que olía a ella. Tuve un fulgor de esperanza, ¡qué imbécil!</p>
<p>- ¿Qué decía, Jose?</p>
<p>- «Volveré un día», decía: y yo me lo creí, pero hasta hoy, que la espero sabiendo que no va a venir. Ya casi no miro hacia la puerta, pero sigo pensando en ella, tan excitante con aquel vestido rojo que se ponía cuando quería guerra.</p>
<p>Dice «guerra» como si hablara de la batalla. El sexo, la guerra del sexo, el campo de batalla de un hombre y una mujer que se desean y se devoran en la trastienda de un bar: un hombre honrado pierde la cabeza por un vestido rojo. Fuma y bebe whisky como un loco, esperando, siempre esperando.</p>
<p>El tren pasó hace tiempo. Vendrá otro. Tú sabes que vendrá otro. Es un anuncio de un perfume delicado y carísimo, una joya líquida, una gota que te transporta al paraíso o te hace bajar al infierno donde te consumirás eternamente en el fuego que ha encendido ese demonio que eres tú y nadie más que tú.</p>
<p>- Jose, me enamoré de una mujer que estaba al otro lado de la vía y me llamaba.</p>
<p>- Y el Talgo de Lisboa se interpuso en vuestro camino.</p>
<p>- No, Jose, el hijoputa que se tiró a los raíles&#8230;</p>
<p><strong>3</strong></p>
<p>Cuando voy borracho, pero aún soy consciente de lo que hago, camino muy despacio hacia casa, mirando todo lo que sucede a mi alrededor, pensando en anuncios de perfumes. Enciendo un cigarrillo detrás de otro, casi enciendo uno con la brasa del otro. Paseo la noche camino de casa sabiendo dónde voy, sabiendo lo que allí hay&#8230;</p>
<p>Cuando llegue, encenderé la televisión esperando que emitan anuncios de perfumes. Jose es mi amigo, e invento historias que él contempla desde el otro lado de su barra. Me gusta que me vea en mis ilusiones.</p>
<p>Imagino a una de las mujeres de los anuncios de la televisión, yo con ella y Jose mirándonos como un espectador especial. Estoy obsesionado con los anuncios de perfumes, con las mujeres que ahí aparecen. Ahora no es época de ellos. Me entristece que sólo pueda recrear mis sueños en los escasos publicados en el periódico o en algunas revistas.</p>
<p>Y bebo whisky y fumo tanto por eso, para olvidar mi soledad sin anuncios de perfumes, sin esas mujeres que son mis mujeres.</p>
<p>Sólo una vez pude ver uno donde salía una mujer negra, en estado puro, salvaje. Intento recordar qué firma había creado esa obra de arte, pero se me ha olvidado; sólo recuerdo la cara y el cuerpo de la negra, desnuda en una selva de ensueño: quiero imaginar que tenía un cierto parecido con la mujer del andén. Jose asiente desde una esquina de mi imaginación, ésa en la que a él le gusta ponerse para observarme, envuelto entre una especie de neblina, casi difuminado, pero siempre presente.</p>
<p>Abro la puerta de mi casa y hay un sobre marrón cerrado a mis pies. Lo huelo y huele a un perfume que no soy capaz de describir&#8230;</p>
<div><span style="font-size:xx-small;color:#231f20;font-family:Arial;"> </span></div>
<p><span style="font-size:xx-small;color:#231f20;font-family:Arial;">1.- «Post morten nihil est ipsaque mors nihil»: Séneca escribió esta sentencia en la obra Las Troyanas. El autor de este relato no extrae por boca de su personaje Jose la cita de dicha obra, ya que no ha tenido la oportunidad de leerla en Latín, sino en el libro de Jorge Semprún «Viviré con tu nombre, morirás con el mío», que a su vez recurre a ella en una de las reflexiones más interesantes sobre la muerte escritas en los últimos años.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<br /><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/categories/marianogarcia59.wordpress.com/21/" /> <img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/tags/marianogarcia59.wordpress.com/21/" /> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gocomments/marianogarcia59.wordpress.com/21/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/comments/marianogarcia59.wordpress.com/21/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godelicious/marianogarcia59.wordpress.com/21/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/delicious/marianogarcia59.wordpress.com/21/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gofacebook/marianogarcia59.wordpress.com/21/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/facebook/marianogarcia59.wordpress.com/21/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gotwitter/marianogarcia59.wordpress.com/21/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/twitter/marianogarcia59.wordpress.com/21/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gostumble/marianogarcia59.wordpress.com/21/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/stumble/marianogarcia59.wordpress.com/21/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godigg/marianogarcia59.wordpress.com/21/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/digg/marianogarcia59.wordpress.com/21/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/goreddit/marianogarcia59.wordpress.com/21/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/reddit/marianogarcia59.wordpress.com/21/" /></a> <img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=marianogarcia59.wordpress.com&amp;blog=697701&amp;post=21&amp;subd=marianogarcia59&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://marianogarcia59.wordpress.com/2007/07/13/cigarrillos-whisky-y-una-mujer-salvaje/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
	
		<media:content url="http://0.gravatar.com/avatar/4a19a245cbd6d93e1bc3dec84495da61?s=96&#38;d=identicon&#38;r=G" medium="image">
			<media:title type="html">marianogarcia59</media:title>
		</media:content>
	</item>
		<item>
		<title>Rita Altolaguirre (relato medio erótico)</title>
		<link>http://marianogarcia59.wordpress.com/2007/05/29/rita-huidobro-relato-medio-erotico/</link>
		<comments>http://marianogarcia59.wordpress.com/2007/05/29/rita-huidobro-relato-medio-erotico/#comments</comments>
		<pubDate>Tue, 29 May 2007 17:28:37 +0000</pubDate>
		<dc:creator>marianogarcia59</dc:creator>
		
		<guid isPermaLink="false">http://marianogarcia59.wordpress.com/2007/05/29/rita-huidobro-relato-medio-erotico/</guid>
		<description><![CDATA[El día 9 de abril Rita Altolaguirre empezó a odiar a su marido, Virgilio García, hasta desearle la muerte. No sentía remordimientos por ese repentino encono hacia su esposo, cuyo comportamiento había sido el de un hombre prudente (&#8230; amante a su manera), que no se había entremetido en sus intimidades femeninas a lo largo de todo [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=marianogarcia59.wordpress.com&amp;blog=697701&amp;post=20&amp;subd=marianogarcia59&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><span style="font-family:Georgia;">El día 9 de abril Rita Altolaguirre empezó a odiar a su marido, Virgilio García, hasta desearle la muerte. No sentía remordimientos por ese repentino encono hacia su esposo, cuyo comportamiento había sido el de un hombre prudente (&#8230; amante a su manera), que no se había entremetido en sus intimidades femeninas a lo largo de todo el tiempo que llevaban juntos. Hasta ese día se habían respetado mutuamente, cumpliendo a rajatabla el contrato del matrimonio, dejándose llevar por el cauce suave de una rutina placentera, sin discusiones graves ni otras espinas, siempre preocupados porque su patrimonio no sufriera los desarreglos de una mala administración (él estaba convencido que formaban un perfecto matrimonio feliz, asegurando a quien quisiera escucharle que esa dicha hincaba sus raíces en el mucho dinero que durante los últimos veinte años él había amasado céntimo a céntimo, verdadero abono y sustento de su relación con Rita).<br />
</span><span style="font-family:Georgia;">      Veinte años que acabarían el 9 de abril.<br />
</span><span style="font-family:Georgia;">      Durante estas dos décadas, ella se había adaptado a las exigencias de él sin esfuerzo, llena de gratitud las más de las veces, porque su inteligencia natural de mujer espléndida se mantenía en un dulce letargo, sólo recreando su imaginación una y otra vez en el recuento de todas sus posesiones: tenía todo cuanto necesitaba (desde el mejor coche, a las bragas de encaje más sugerentes), podía permitirse los lujos más caros, comer lo más exquisito de los clubs del gourmet (gastarse tantísimo por una latita de caviar de beluga -dos cucharaditas y ya está de esas bolitas grises y salpresas- era un verdadero plácer), hasta los vicios más exóticos lograba con una carantoña, un lentísimo movimiento de pestañas o dejando escapar un beso al aire después de poner los labios de tal forma que la zona inguinal de Virgilio se resentía hasta el deseo poderoso de dejarlo todo y poseerla allí mismo, como un animal encelado. Ella fingía ser tan feliz que él cayó como un inocente en la trampa invisible de la ingenuidad: se había convertido en un muñequito «de negocios», «blandito como si fuera todo de algodón», un marido confiado porque, aseguraba a quien quisiera ecucharle, su mujer no deseaba a más hombre que él («el dinero es el dinero», decía).<br />
</span><span style="font-family:Georgia;">      En cuanto a su riqueza espiritual, Rita Altolaguirre era tan superficial como su marido: sin ambiciones intelectuales, no participaba -y mira que se lo habían aconsejado sus amigas más íntimas- en eventos culturales propios de «gente rica» («¿Qué te cuesta ponerte un día un traje de chaqueta y acercarte a la inauguración de una exposición de pintura en la reputadísima galería  J.A., por decir alguna, que vende los cuadros por encima del millón? Allí sólo tienes que mirar fijamente un lienzo, cuando el pintor esté cerca de ti, durante dos minutos, y luego sueltas en voz alta lo primero que se te ocurra. Tu opinión será respetadísima: todo el mundo entiende de arte, y si lo dices tú que tienes dinero, más). Rita se jactaba de no haber leído ni un solo libro, pero no podía reprimir la curiosidad de saber qué iba a pasar en el próximo capítulo de la telenovela, la que comenzaba a las cuatro menos cuarto de la tarde, y no había día que dejara de interesarse por lo que escupían los programas de las dieciocho horas. ¡ay, los reality schows cuánto le gustaban! Le aburría leer las revistas rosas, pero sí mirar las miriadas de fotos de artistas, famosos y buscavidas que pululan por esas páginas de couché. No podía evitar recrearse en las peripecias y vivencias de esos personajes que tienen la sagacidad de no ser nada, pero irradian un encanto y un «glamour» que la dejaban embrujada («Cómo debe follar este muchacho», pensaba de un futbolista rubito, peinado con coleta unas veces y el pelo rapado otras, y con muchos tatuajes salteados por brazos, piernas, torso y cuello).<br />
</span><span style="font-family:Georgia;">       </span><span style="font-family:Georgia;">Pero lo que más le gustaba era acudir a los cócteles, meriendas-cenas y otras fiestas nocturnas que muchos, muchísimos amigos de nuevo cuño ofrecían en su chalés o en salones de hoteles de lujo, especialmente interesados con la presencia del matrimonio García-Altolaguirre (el dinero de Virgilio manaba de un buen panal  que muchos zánganos de las finanzas y otros blanqueos elegían para revolotear a su alrededor; por otra parte, la presencia de ella no dejaba indiferente a nadie y todos la deseaban: «¿Qué le habrá visto al Virgilio esta tía?», era una pregunta habitual en los corrillos donde perfectamente podían intercambiar opiniones un banquero de logo con fondo rojo o púrpura o azul, un empresario de barcos con un despacho de 150 metros cuadrados tocando el firmamento en el rascacielos más alto de la ciudad, un promotor inmobiliario poseedor de doce campos de golfs, un industrial con petróleo corriéndole por las venas y el secretario de Hacienda de una Comunidad Autónoma diciendo que sí a todo con la cabeza).<br />
</span><span style="font-family:Georgia;">      Como una reina erótica, Rita paseaba su apetitoso cuerpo entre toda esa selecta camarilla de seres humanos privilegiados: le encantaba ver cómo los hombres no podían evitar volver la cabeza para mirarla con deseo, «para comerme con los ojos», y cómo las otras mujeres la envidiaban llamándola algo que, en vez de enojarla, la encandilaba: «esa calientapollas».<br />
</span><span style="font-family:Georgia;"> </span></p>
<p><span style="font-family:Georgia;">      Sin formación, era una mujer maleducada, que hacía uso continuo de palabras malsonantes. Tenía una conversación escasa, toda ella salpicada de trivialidades; pocos temas le interesaban, quizá porque no sabía analizarlos. Pero&#8230; ¿qué hombre de este mundo no se iba a permitir el lujo de poseer y gozar de semejante mujer?: era el modelo de la amante perfecta, mujer madura inmersa en la edad de la eterna juventud, para disfrutarla en solitario.<br />
</span><span style="font-family:Georgia;">      No gozó nunca haciendo el amor con el marido, bien lo sabía ella, pero, a base de repetirlo un día sí y otro no, aquéllo se convirtió en un trance doméstico que soportaba pensando en sus cosas, al tiempo que fingía unos perfectos orgasmos a base de escandalosos gemidos que paraban el vuelo de las moscas.<br />
</span><span style="font-family:Georgia;">      En cuanto a la fidelidad hacia él, no tuvo valor de buscarse un amante real: le traicionó durante estos veinte años sólo en sueños eróticos en los que un hombre esculpido en la imaginación se metía en su cama y la amaba sin pedirle nada a cambio.<br />
</span><span style="font-family:Georgia;">      Tal vez por miedo a perdelo todo, tal vez por falta de iniciativa, ella se conformaba dando rienda suelta a tórridos pensamientos con los que distraía su desasosiego permanente y se aliviaba por momentos de ese desamor crónico hacia su marido. Se había inventado un hombre interesante y hermoso con el que hacía el amor durante horas y con el que lograba «olvidar absolutamente todos los polvos que me ha echado mi Virgilio». Su pensamiento galopaba a lo largo y ancho del hombre que la amaba sin más porque ella le amaba a él, que lograba hacerla feliz. Y lo creó a su imagen y semejanza: era abrir la ventana de su pensamiento y ahí estaba él, un ser masculino en estado puro, el amante que moldeó con el regocijo y el capricho de su deseo el primer día, ese hombre al que cambió de color de ojos varias veces hasta acabar eligiendo un verde grisáceo, terminando por aceptar que su estatura serían los 186 centímetros, del que dudó del tipo de cabello hasta que por fin se decantó sin estar convencida por un moreno algo ondulado, al que le vistió y le desnudó tantas veces para ver si le seguía gustando el color bronceado de sus músculos que en algún momento él perdió hasta la erección: «¡qué grande tienes la picha, incluso sin estar tiesa!» le hablaba ella en voz alta en mitad del silencio de la casa, disfrutándole desde la profundidad de su mente obtusa y desvalida.<br />
</span><span style="font-family:Georgia;">      Su delirio era más que una fantasía. Su amante inventado se había convertido en una presencia viva que la tenía como atolondrada. Era tan real que ella hasta le rogó en tantas ocasiones, ruborizada, que la esperase en la cama mientras iba un momento al baño: y estando sola, como estaba, cerraba la puerta con el pestillo para que él no tuviera la tentación de entrar y la viera sentada en la taza orinando.<br />
</span><span style="font-family:Georgia;"> </span></p>
<p><span style="font-family:Georgia;">      Virgilio García era todo lo contrario a ese amante soñado. No era nadie en la cama. Ni siquiera para darle hijos, le acusaba ella en silencio. Inculto, se había instruido con revistas y películas pornográficas -no escatimaba dinero en ellas-, utilizadas como guía «para hacerte más feliz aún de lo que ya eres», le decía con su orgullo de macho poderoso.  </span><span style="font-family:Georgia;">Pero, cerril, no supo utilizar toda esa riqueza visual y terminó usando a su mujer más que amándola, sin tener en cuenta los deseos de ella, en un rito que se repetía en actos que eran idénticos los unos a los otros, donde no se daba pie a la imaginación. </span></p>
<p><span style="font-family:Georgia;">El hermosísimo cuerpo de Rita Altolaguirre, toda la sensualidad que transmitía, se desperdiciaba cuando él, echado bocarriaba en la cama, con los ojos cerrados y gimoteando palabras obscenas,  dejaba que ella le succionase su miembro viril, más bien de tamaño pequeño, para ponerlo «en perfecta forma» (era lo que más le gustaba, aseguraba a quien quería escucharle) y luego proceder a una penetración lenta que duraba entre tres y cinco minutos. La mujer accedía en una chupe y chupe aburrido y sin ritmo que se alargaba hasta que su marido cambiaba de postura para «perforarla» con movimientos eléctricos de sus caderas: a veces ella tuvo que morderse sus labios pulposos para no romper en carcajadas todo ese acto estúpido: «Virgilio García: eres un conejo que no tiene ni puta idea de metérmela», le decía mentalmente. Luego él eyaculaba, sin percatarse nunca que Rita no había sentido ni el más mínimo atisbo de placer. Así era siempre.</span></p>
<p>     <span style="font-family:Georgia;"><span style="font-family:Georgia;">No sintió asco de él hasta el día 9 de abril. No le amaba, y mucho menos le deseaba, pero no había sentido repulsa hacia él hasta ese día.<br />
</span><span style="font-family:Georgia;">      Se había acostumbrado a la forma de comer de él, al color de sus camisas, a la «mala facha» que le daban los carísimos trajes que los dos habían elegido juntos en las «boutiques» más sofisticadas, a la forma petulante de hablar y dirigirse a los demás, al dinero que «llovía a mares» del negocio. Pensaba mal de él con palabras soeces, pero hasta este día había sabido fingirlo haciendo uso de la más extraordinaria hipocresía.<br />
</span><span style="font-family:Georgia;"> </span></span></p>
<p><span style="font-family:Times New Roman;">***</span><span style="font-family:Georgia;"> </span></p>
<p><span style="font-family:Georgia;">      El día 9 de abril el desprecio de Rita hacia su marido se enlazaba con el deseo urgente de serle infiel con un hombre de verdad. Una fuerza nueva la empujaba a salir a la calle y encontrar de una vez por todas al amante con el que tanto había soñado despierta, de ser poseída hasta delirar de gozo. Ahora necesitaba algo más que imaginar un hermoso cuerpo masculino, desnudo, estremecido con el placer que le provocaba el suyo cuando ambos se entregaban a los abrazos, se comían con los ardientes besos, cuando la penetraba por fin, «¡ay!, con un enorme miembro que en nada se parece al de ése»&#8230; Necesitaba morder la carne del tipo que, estaba segura, la estaba esperando.<br />
</span><span style="font-family:Georgia;">      Rita Altolaguirre consciente de su soledad, aferrada a la ilusión de encontrar a su amante lo antes posible, se duchó y perfumó, se puso la lencería más sugerente que tenía -el color negro era ideal para un primer encuentro-, eligió un vestido que realzaba más si cabe su estupenda figura, y salió dispuesta a cambiar su vida, con un candor que la habría arrojado al pozo negro de una profunda depresión si ese deseo no se hubiera materializado.</span></p>
<p><span style="font-family:Georgia;"><br />
</span><span style="font-family:Georgia;">      Ocurrió junto a la barra del café donde tomaba el desayuno todos los días. El mismo hombre que había esculpido en su imaginación se acercó a hablarle con la misma voz varonil que ella había escuchado tantos días, meses y años en su imaginación, le susurraba sin pudor las mismas palabras de amor y deseo, idénticas a las que le estremecieron de placer en el cobijo de su soledad. «Es él». Ella se rindió fingiendo una coqueta resistencia, enamorada, a los deseos del hombre sin dar importancia a las miradas de todos los que llenaban a rebosar la cafetería, mujeres sobre todo, que no perdían detalle de ese «lío» que estaba gestándose en un lugar tan aburrido como aquel en el que se encontraban y donde ella era conocida hasta este día como persona fiel a su pareja, a pesar de que se mostrarse como mujer despampanante, descarada y de mediocre comportamiento social. «Si ella no tuviera esa lengua malhablada&#8230;», decían las envidiosas.<br />
</span><span style="font-family:Georgia;">      Cuando el hombre, rompiendo insolente el invisible hilo de la discreción, la mordisqueó en el lóbulo de una oreja, algunas mujeres no pudieron reprimir beberse violentamente de un trago el café con leche de su desayuno. Era la primera vez que se le veía por allí -a ese «pedazo de tío», como lo calificaron la mayoría de las que presenciaron el encuentro-. «Y la Rita lo ha cazado&#8230;, la muy puta», comentó alguna que no la podía ni ver y que no gozaba de la belleza ni del cuerpo, salvaje y perfecto, de la nueva «adúltera». «Mucho sexo despilfarra, pero de seso nada de nada, la marrana», sentenciaba al fin, iluminada con una frase que califcaba de muy original y de alto matiz intelectual, justificando o su envidia o el poco interés que ella despertaba en los camareros o en otros hombres que por allí pasaban a esa hora.<br />
</span><span style="font-family:Georgia;"> </span></p>
<p><span style="font-family:Georgia;">****<br />
</span><span style="font-family:Georgia;"> </span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin:0;"><span style="font-family:Georgia;">      Se fueron a la casa de él abrazados y besándose calle abajo, en esa mañana del nueve de abril, de sol y nubes que pasaban veloces, hinchadas y barrocas, recortándose bajo la inmensidad de un cielo limpio de azul puro. «Qué cerca vives de mí», le dijo ella sorprendida y alertada porque se acercaban cada vez más hacia la calle donde ella vivía. «Más cerca de lo que tu te puedas imaginar», le confesó el hombre, apretándola más contra él y consiguiendo así que Rita no reflexionase sobre el comentario, aunque era difícil que pudiera centrar la atención en otros pensamientos que no tuvieran que ver con el apetito sexual que le había abierto él: Rita flotaba en una de esas nubes de primavera, de caprichosa forma, preñada de optimismo y sensaciones nuevas, esa nube que por fin cruzaba el cielo de su existencia.</span></p>
<br /><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/categories/marianogarcia59.wordpress.com/20/" /> <img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/tags/marianogarcia59.wordpress.com/20/" /> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gocomments/marianogarcia59.wordpress.com/20/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/comments/marianogarcia59.wordpress.com/20/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godelicious/marianogarcia59.wordpress.com/20/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/delicious/marianogarcia59.wordpress.com/20/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gofacebook/marianogarcia59.wordpress.com/20/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/facebook/marianogarcia59.wordpress.com/20/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gotwitter/marianogarcia59.wordpress.com/20/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/twitter/marianogarcia59.wordpress.com/20/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gostumble/marianogarcia59.wordpress.com/20/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/stumble/marianogarcia59.wordpress.com/20/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godigg/marianogarcia59.wordpress.com/20/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/digg/marianogarcia59.wordpress.com/20/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/goreddit/marianogarcia59.wordpress.com/20/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/reddit/marianogarcia59.wordpress.com/20/" /></a> <img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=marianogarcia59.wordpress.com&amp;blog=697701&amp;post=20&amp;subd=marianogarcia59&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://marianogarcia59.wordpress.com/2007/05/29/rita-huidobro-relato-medio-erotico/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
	
		<media:content url="http://0.gravatar.com/avatar/4a19a245cbd6d93e1bc3dec84495da61?s=96&#38;d=identicon&#38;r=G" medium="image">
			<media:title type="html">marianogarcia59</media:title>
		</media:content>
	</item>
		<item>
		<title>Ellos</title>
		<link>http://marianogarcia59.wordpress.com/2007/05/03/ellos-2/</link>
		<comments>http://marianogarcia59.wordpress.com/2007/05/03/ellos-2/#comments</comments>
		<pubDate>Thu, 03 May 2007 10:21:09 +0000</pubDate>
		<dc:creator>marianogarcia59</dc:creator>
		
		<guid isPermaLink="false">http://marianogarcia59.wordpress.com/2007/05/03/ellos-2/</guid>
		<description><![CDATA[Ellos, los vencedores filántropos falsos, de todo lo inalcanzable me prometieron: desorbitadas cantidades de grandiosos días dorados junto a los transparentes manantiales del paraíso. &#160; Con aduladoras palabras ellos aún hoy me insisten que les compre un pedazo tierno de amor, ¡tal es su hambre!, como si de pan se tratara, aprovechando la edad de [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=marianogarcia59.wordpress.com&amp;blog=697701&amp;post=18&amp;subd=marianogarcia59&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="margin:0;" class="MsoNormal"><font face="Georgia">Ellos, los vencedores </font></p>
<p style="margin:0;" class="MsoNormal"><font face="Georgia">filántropos falsos,</font></p>
<p style="margin:0;" class="MsoNormal"><font face="Georgia">de todo lo inalcanzable </font></p>
<p style="margin:0;" class="MsoNormal"><font face="Georgia">me prometieron:</font></p>
<p style="margin:0;" class="MsoNormal"><font face="Georgia">desorbitadas cantidades</font></p>
<p style="margin:0;" class="MsoNormal"><font face="Georgia">de grandiosos días dorados</font></p>
<p style="margin:0;" class="MsoNormal"><font face="Georgia">junto a los transparentes manantiales</font></p>
<p style="margin:0;" class="MsoNormal"><font face="Georgia">del paraíso.</font></p>
<p style="margin:0;" class="MsoNormal">&nbsp;</p>
<p style="margin:0;" class="MsoNormal"><span></span></p>
<p style="margin:0;" class="MsoNormal"><font face="Georgia">Con aduladoras palabras</font></p>
<p style="margin:0;" class="MsoNormal"><font face="Georgia">ellos aún hoy me insisten que les compre</font></p>
<p style="margin:0;" class="MsoNormal"><font face="Georgia">un pedazo tierno de amor,</font></p>
<p style="margin:0;" class="MsoNormal"><font face="Georgia">¡tal es su hambre!,</font></p>
<p style="margin:0;" class="MsoNormal"><font face="Georgia">como si de pan se tratara,</font></p>
<p style="margin:0;" class="MsoNormal"><font face="Georgia">aprovechando la edad de mi última inocencia,</font></p>
<p style="margin:0;" class="MsoNormal"><font face="Georgia">juventud más bien perdida,</font></p>
<p style="margin:0;" class="MsoNormal"><font face="Georgia">gastando aquellas monedas refulgentes</font></p>
<p style="margin:0;" class="MsoNormal"><font face="Georgia">con las que dijeron que me enriquecería</font></p>
<p style="margin:0;" class="MsoNormal"><font face="Georgia">pero que nunca tuve.</font></p>
<p style="margin:0;" class="MsoNormal">&nbsp;</p>
<p style="margin:0;" class="MsoNormal"><font face="Georgia">Mas llegan tarde,</font></p>
<p style="margin:0;" class="MsoNormal"><font face="Georgia">sólo soy un hombre simple,</font></p>
<p style="margin:0;" class="MsoNormal"><font face="Georgia">dormido…</font></p>
<p style="margin:0;" class="MsoNormal">&nbsp;</p>
<p style="margin:0;" class="MsoNormal"><span></span></p>
<p style="margin:0;" class="MsoNormal"><font face="Georgia">Desengañado yo,</font></p>
<p style="margin:0;" class="MsoNormal"><font face="Georgia">ellos, los que se autoproclaman vencedores</font></p>
<p style="margin:0;" class="MsoNormal"><font face="Georgia">(ególatras crueles,</font></p>
<p style="margin:0;" class="MsoNormal"><font face="Georgia">de sonoros nombres unos,</font></p>
<p style="margin:0;" class="MsoNormal"><font face="Georgia">y<span>  </span>tantos otros adláteres </font></p>
<p style="margin:0;" class="MsoNormal"><font face="Georgia">sin voz<span>  </span>y con sombra prestada)</font></p>
<p style="margin:0;" class="MsoNormal"><font face="Georgia">por todo el ancho mundo repartidos</font></p>
<p style="margin:0;" class="MsoNormal"><font face="Georgia">me gritan fatuas palabras</font></p>
<p style="margin:0;" class="MsoNormal"><font face="Georgia">faltos de humildad,</font></p>
<p style="margin:0;" class="MsoNormal"><font face="Georgia">rebosantes de rencor, obstinados</font></p>
<p style="margin:0;" class="MsoNormal"><font face="Georgia">sin dios ni patria ni ley,</font></p>
<p style="margin:0;" class="MsoNormal"><font face="Georgia">sólo con los ropajes del desprecio vestidos.</font></p>
<p style="margin:0;" class="MsoNormal">&nbsp;</p>
<p style="margin:0;" class="MsoNormal"><span></span></p>
<p style="margin:0;" class="MsoNormal"><font face="Georgia">Ellos, perdidos</font></p>
<p style="margin:0;" class="MsoNormal"><font face="Georgia">en la cotidianeidad </font></p>
<p style="margin:0;" class="MsoNormal"><font face="Georgia">de los días urbanos,</font></p>
<p style="margin:0;" class="MsoNormal"><font face="Georgia">de miedo acalambrados, </font></p>
<p style="margin:0;" class="MsoNormal"><font face="Georgia">poseedores de falsos oráculos</font></p>
<p style="margin:0;" class="MsoNormal"><font face="Georgia">persisten con su débil enjundia</font></p>
<p style="margin:0;" class="MsoNormal"><font face="Georgia">hacer verdad</font></p>
<p style="margin:0;" class="MsoNormal"><font face="Georgia">las radiantes promesas</font></p>
<p style="margin:0;" class="MsoNormal"><font face="Georgia">de los años ingenuos.</font></p>
<p style="margin:0;" class="MsoNormal"><font face="Georgia">Pero es tarde,</font></p>
<p style="margin:0;" class="MsoNormal"><font face="Georgia">ellos lo saben,</font></p>
<p style="margin:0;" class="MsoNormal"><font face="Georgia">como saben en su más desnuda soledad</font></p>
<p style="margin:0;" class="MsoNormal"><font face="Georgia">que nunca fueron vencedores…</font></p>
<br /><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/categories/marianogarcia59.wordpress.com/18/" /> <img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/tags/marianogarcia59.wordpress.com/18/" /> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gocomments/marianogarcia59.wordpress.com/18/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/comments/marianogarcia59.wordpress.com/18/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godelicious/marianogarcia59.wordpress.com/18/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/delicious/marianogarcia59.wordpress.com/18/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gofacebook/marianogarcia59.wordpress.com/18/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/facebook/marianogarcia59.wordpress.com/18/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gotwitter/marianogarcia59.wordpress.com/18/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/twitter/marianogarcia59.wordpress.com/18/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gostumble/marianogarcia59.wordpress.com/18/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/stumble/marianogarcia59.wordpress.com/18/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godigg/marianogarcia59.wordpress.com/18/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/digg/marianogarcia59.wordpress.com/18/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/goreddit/marianogarcia59.wordpress.com/18/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/reddit/marianogarcia59.wordpress.com/18/" /></a> <img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=marianogarcia59.wordpress.com&amp;blog=697701&amp;post=18&amp;subd=marianogarcia59&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://marianogarcia59.wordpress.com/2007/05/03/ellos-2/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
	
		<media:content url="http://0.gravatar.com/avatar/4a19a245cbd6d93e1bc3dec84495da61?s=96&#38;d=identicon&#38;r=G" medium="image">
			<media:title type="html">marianogarcia59</media:title>
		</media:content>
	</item>
		<item>
		<title>El dado azul</title>
		<link>http://marianogarcia59.wordpress.com/2007/03/02/el-dado-azul/</link>
		<comments>http://marianogarcia59.wordpress.com/2007/03/02/el-dado-azul/#comments</comments>
		<pubDate>Fri, 02 Mar 2007 18:19:37 +0000</pubDate>
		<dc:creator>marianogarcia59</dc:creator>
		
		<guid isPermaLink="false">http://marianogarcia59.wordpress.com/2007/03/02/el-dado-azul/</guid>
		<description><![CDATA[1 «Tienes un agujero en el zapato», te dice la secretaria. «Está lloviendo y por ahí se meterá el agua. Seguro que has venido pisando todos los charcos de la calle&#8230; Debes hacerte con otros zapatos. Mejor&#8230; cómprate unas botas. Pronto llegará el invierno: hay botas muy bonitas, de gruesa suela de goma&#8230; No quería [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=marianogarcia59.wordpress.com&amp;blog=697701&amp;post=14&amp;subd=marianogarcia59&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p align="left" class="entirePost"><strong>1</strong></p>
<p align="left" class="entirePost">«Tienes un agujero en el zapato», te dice la secretaria. «Está lloviendo y por ahí se meterá el agua. Seguro que has venido pisando todos los charcos de la calle&#8230; Debes hacerte con otros zapatos. Mejor&#8230; cómprate unas botas. Pronto llegará el invierno: hay botas muy bonitas, de gruesa suela de goma&#8230; No quería decírtelo, pero el agua que se te ha metido está manchando todo el suelo de la oficina, ¿sabes?, y tengo yo que ir y limpiarlo, y no quiero».</p>
<p align="left" class="entirePost">La secretaria, agresiva, te habla sentada desde su mesa: «deberías ser más cuidadoso, pensar un poco en los demás. No está bien que vayas con los zapatos rotos poniéndolo todo perdido». Enciendes un cigarrillo, sin hacerle caso, expulsando el humo lentamente sin dejar de mirarla. Te sientas detrás de tu mesa desordenada de ayer: folios garabateados, papelitos amarillos con mensajes indescifrables de alguien que te llamó y que apuntaste sin interés, números de teléfono. Sientes humedad en los pies, los calcetines empapados.<br />
-Luego, ¡claro!, empezarás a oler mal&#8230; Si dejara de llover&#8230;<br />
-Es bonita la lluvia -le dices viendo deslizarse caprichosamente las gotas de agua por el cristal, según te acomodas recostándote sobre la silla, echándola hacia atrás y levantando las piernas y dejándolas caer pesadamente sobre la mesa, mostrando a la secretaria las suelas de los zapatos gastadas:<br />
-¡¡Ves!! -se levanta con el lápiz en la mano-, tiene un agujero ahí-. Y se acerca hasta meter la punta por él, atravesando el calcetín y haciéndote sentir la punzada en la planta del pie.<br />
-Saca eso de ahí y mira por la ventana como corre la gente sin paraguas.<br />
-No me importa lo que pasa ahí fuera -y gira el lapicero atornillándolo en tu carne-. Es horroroso como lo estás poniendo todo de agua.<br />
La secretaria aprieta con fuerza. Por tu frente se cruza un latigazo de ira, pero tu sexo se excita, sientes cómo se llena de sangre. Cambias bruscamente de posición arrastrando en el movimiento de las piernas cuantos papeles encuentran a su paso: un charquito de agua sucia brilla sobre la madera a la luz de los fluorescentes.<br />
Te levantas de la silla, apagas la colilla del cigarrillo en el charquito de agua, vas hacia la secretaria que te mira hacer mientras huele la punta del lapicero, pasas a su lado camino del servicio sabiendo que mirará tu bragueta. Estás demasiado excitado para orinar. Te quitas los zapatos y observas que los calcetines que eran blancos ahora están de un desagradable gris oscuro de humedad, te los quitas también y los escurres en el lavabo retorciéndolos con fuerza.<br />
Detrás de la ventana sigue lloviendo. Ella ahora escribe a máquina golpeando las teclas violentamente, con rabia. Deseas besarla: te sitúas detrás suyo, con los zapatos sujetos por el talón con dos dedos de la mano derecha; con la izquierda apartas su melena, te inclinas y la muerdes suavemente en el cuello. Hace un mohín de desagrado pero sientes como su piel se estremece.<br />
Al erguirte de nuevo ves como bruscamente la sombra de un rostro que no eres capaz de retener en la memoria desaparece de la ventana.<br />
-Hasta que no te compres otros zapatos no, por favor. ¡Vete a tu sitio! -dice.<br />
Entonces, cuando te sientas de nuevo en tu mesa sintiendo el frío en tus pies desnudos, recuerdas que has visto un dado azul junto al umbral de tu casa, al salir esta mañana. Es un dado azul pequeñito. La cara que te mostraba era la que tenía cinco puntos negros hundidos en sus superficie, puntos del tamaño de la punta de un lapicero muy afilado. En la planta de tu pie izquierdo sientes la punzada de un punto como esos. No lo has tocado, lo has dejado allí esperando encontrarlo a la vuelta. La lluvia lo estará mojando. Probablemente nadie lo habrá visto.<br />
-Esta mañana me he encontrado un dado azul -dices en voz alta-. Un día te lo regalaré.</p>
<p align="left" class="entirePost"><strong>2</strong></p>
<p align="left" class="entirePost">El autobús. La gente que sube, la gente que baja, los viajeros tienen cabeza de dado: todos ocultan cinco caras y te muestran el número de su rostro: éste que junto a mí dormita es un dos, aquél del maletín y corbata que mira severo al vacío agarrado de la barra es un uno, en la próxima parada subirá una señora seis. No puedes contar los puntos negros del conductor: te dio el billete mirando para otro lado. Nadie es un cinco. Casi todos son treses y doses. Ese cuatro es de un niño de ojos tristes y negros en los brazos de su madre, que quiere disimular el dos bajo una costra de maquillaje.<br />
Por las calles caminan gentes con cabezas de dado. No eres capaz de distinguir los puntos que marcan el número de su rostro: ¿cuántos serán un cinco?<br />
La ciudad es un gran tapete donde miles de dados humanos se tiran jugándose su existencia. En los últimos asientos dos rostros se unen y suman siete.<br />
Te gustaría que el de ella fuera un cinco, pero cuando se despegan sus labios de los de él descubres entristecido que es un tres: ¿cuántos besos de doce puntos negros chasquearán en un autobús?, piensas mientras se abren las puertas que te arrojan en la parada más cercana a tu casa.</p>
<p align="left" class="entirePost"><strong>3</strong></p>
<p align="left" class="entirePost">«Recuerda que tienes un agujero en el zapato», te dijo la secretaria al despedirse esta tarde.<br />
Pronto sentirás la humedad recorrer de nuevo las plantas de tus pies desnudos. Los calcetines sucios los llevas en el bolsillo izquierdo de la chaqueta.<br />
Deseas llegar pronto a tu casa no para dejar de sentir la desagradable presencia del agua de la lluvia lamiendo tus pies: el corazón te palpita cada vez más fuerte ante el ansia que te devora por comprobar si sigue estando allí el dado azul. Debes cruzar una calle, caminar unos metros hacia arriba, girar por otra más estrecha y dirigirte hasta el quinto portal, el tuyo. La acera es una sucesión de baldosas blancas y rojas: el agua que se desliza por éstas chapotea bajo tus zapatos que caminan cada vez más rápidos, a un trote cercano a la carrera, que hace que las baldosas rojas y blancas se confundan en una especie de naranja sucio acuoso. Los bombeos del corazón te cortan la respiración: la calle se estrecha. Es la anochecida. Empiezan a encenderse las luces de las farolas en parpadeos amarillentos. <br />
Tan sólo te faltan los metros que separan el cuarto portal del tuyo. Pensabas que nunca llegarías&#8230;<br />
Ansiedad: la luz de la farola más cercana no llega hasta ese rincón de la calle mojada, que brilla con una tonalidad grasienta, haciendo difícil distinguir los pequeños objetos que hasta allí hayan rodado. Pero descubres el dado azul, que sigue en el mismo lugar donde lo encontraste al salir esta mañana, y compruebas que está en la misma posición cuando te agachas para verlo mejor: la cara del cubo con los cinco puntos negros parece que te contempla asombrada. No lo tocas. Te parece oir que alguien, detrás tuyo, sigiloso y oscuro, pasa.Entras en el portal, vas dejando un reguero de agua por las baldosas blancas y negras que forman el entramado del suelo. Subiendo los primeros peldaños de la escalera hacia el tercer piso donde vives te asalta la duda: te miras los zapatos, el cuero viejo y negro, cuarteado, está empapado y reblandecido: ¿Y si alguien lo ha visto como tú y lo ha manipulado y lo ha vuelto a dejar en la misma posición?</p>
<p><strong>4 </strong></p>
<p>El primer trago de bourbon entra ardiendo. Es una bola de fuego garganta abajo. En la radio se oye una sinfonía de música experimental: los instrumentos, que parecen dotados de autonomía propia, hacen gemir y reír al mismo tiempo a las cuerdas, los instrumentos de viento soplan lastimeros quejidos, violentos compases de ira aporrean las percusiones.<br />
El segundo trago entra más suave, cierras los ojos: El dado azul ocupa todo tu cerebro. Nadie lo habrá tocado, ni lo habrá visto, lo hubieras notado. Bebes otro trago. La música sale de una orquesta enloquecida, parece que quisiera embuchar todo el sonido por una cañería.<br />
Bajas los escalones de los tres pisos a toda prisa, sales a la calle: el dado sigue allí enseñando el cinco.<br />
Vuelve a subir. Ahora la música de la radio ha pasado a ser una composición flotante, como cantos de pájaros y rumores de arroyos. Estaba allí, no deberías haber bajado.<br />
Sigue lloviendo. Miras la botella de bourbon.<br />
El sillón te relaja, estiras las piernas, poco a poco te vas quedando dormido&#8230;, tienes un dado azul por cerebro.<br />
¡Te despiertas! Una voz ronca sale por la radio. Dice algo sobre una ópera.<br />
Sientes frío en los pies: te descalzas. Te vas quitando los pantalones, la camisa, te desnudas completamente. Tiras la ropa en el sillón. Caminas adormilado hacia la habitación: la cama sigue sin hacer: te metes entre sábanas y mantas revueltas&#8230;<br />
Te levantas, pasas junto al sillón, junto a los zapatos, junto a la mesa donde está la botella de bourbon, apagas la radio. Regresas sobre tus pasos. Apagas la última luz&#8230;<br />
¡Te despiertas! La oscuridad es absoluta. No oyes si llueve. El gran reloj blanco hace tic-tac-tic-tac-tic-tac. ¿Seguirá el dado en su sitio? Intuyes las horas que faltan para la amanecida. Son muchas.</p>
<p><strong>5</strong></p>
<p align="left" class="entirePost">Noches de insomnio. Desesperación. Largos tragos de bourbon. Música chirriante. Subir y bajar los tres tramos de escaleras una y otra vez en las largas noches.<br />
Siempre el dado azul sigue allí, inmóvil, ajeno a la lluvia que cae sobre él, que no lo arrastra.<br />
En la oficina, observando tu inquietud, desorientada, la secretaria te increpa, te vocea, se levanta de su sitio y viene hacia ti manoteando, histérica&#8230; Ya no te excita, tienes un dado azul por sexo.<br />
Y no deja de llover. Deseas acabar cuanto antes: tu mesa cada vez está más desordenada de folios y papelitos amarillos y números de teléfono. De vez en cuando, te parece ver una sombra que se desliza detrás de la ventana, crees que ha estado mirándote.<br />
La calle es un hormiguero de dados con cuerpos y piernas y brazos. En el autobús a esa hora -la noche matando el día- bullen cansinos los cuatros, los seis, los treses, los doses, los unos. Nunca has visto un cinco. Desesperado corres un día y otro día los tramos de calle que te separan de la parada a tu casa. Siempre encuentras el dado y siempre te muestra  el número cinco. Pero el sosiego te durará poco tiempo: antes de llegar al tercer piso ya te habrá asaltado la duda. Beberás largos tragos de bourbon. Intentarás dormir. Apagarás las luces. Las volverás a dar. Bajarás a la calle, una y otra vez. Crece el tamaño de los agujeros en la suelas de tus zapatos.</p>
<p align="left" class="entirePost"><strong>6</strong></p>
<p align="left" class="entirePost">Quizás en algún momento hayas deseado que el dado azul cambiara de posición.<br />
Pero cuando descubres que la cara superior es el dos no puedes dar crédito a lo que ves. Te agachas para observarlo desde más cerca, casi lo tocas con las narices. Cierras los ojos, vuelves a abrirlos pero sigues viendo los dos puntos. Crees que la calle está vacía. Por primera vez lo tocas, lo pones en la palma de tu mano, buscas el lado del cinco. Lo colocarás suavemente en el mismo sitio con ese número de puntos mirándote&#8230;<br />
Cuando regreses esa tarde el dado volverá a estar en la posición del dos. Fingirás ignorarlo, apartarlo de ti, mientras cruzas el portal de baldosas blancas y negras, pero antes de empezar a subir los escalones regresarás para colocarlo otra vez en el cinco.</p>
<p align="left" class="entirePost">Los tragos de bourbon cada vez son más largos, las sinfonías que salen por la radio cada vez son más estridentes&#8230;</p>
<p>Comienza el juego de manipularlo una y otra vez. Porque siempre que vuelvas a él estará el dos. Y siempre intuirás la presencia de alguien cerca, mirándote, posiblemente la misma sombra que te observa desde la ventana de la oficina. Quizás sea esa persona, que nunca llegas a ver, quién descubrió desde el primer día tu obsesión por el dado azul. <strong> </strong></p>
<p align="left" class="entirePost"><strong>7</strong></p>
<p align="left" class="entirePost">Desesperado por la lluvia, por los zapatos rotos, por el histerismo de la secretaria, esa mañana, cuando el autobús que te llevará a la oficina está alcanzando la parada donde todos los días le aguardas, decides regresar sobre tus pasos, apostarte en un rincón desde donde puedas ver el portal donde vives, a aquellos que entren y salgan, a los que pasen por allí&#8230; Mas la espera será corta, porque una sombra familiar, sigilosa, se acerca hasta el umbral, se agacha, manipula el dado: le imaginas buscando la cara del dos&#8230; Te metes la mano en el bolsillo derecho del pantalón.<br />
Tus zapatos escupen agua por sus agujeros en la veloz carrera.<br />
Sorprendido, el hombre suelta el dado azul y se vuelve a mirarte en un brusco movimiento. La navaja oculta sus cachas verdes en tu puño, las aprietas con la fuerza animal de un hombre cegado por la ferocidad o por el odio. Te parece distinguir en la velocidad del movimiento hacia el cuerpo de él que en su hoja hay minúsculas gotas de agua de la lluvia. Antes de que reaccione el hombre del dos, sentirá el desgarro de la navaja abriéndose camino en su carne, justamente bajo la tetilla izquierda.</p>
<p class="entirePost">______________________________</p>
<p class="entirePost">Nota: Relato publicado en &#8220;El libro de los Crímenes exquisitos&#8221; (Ediciones Libertarias)</p>
<br /><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/categories/marianogarcia59.wordpress.com/14/" /> <img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/tags/marianogarcia59.wordpress.com/14/" /> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gocomments/marianogarcia59.wordpress.com/14/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/comments/marianogarcia59.wordpress.com/14/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godelicious/marianogarcia59.wordpress.com/14/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/delicious/marianogarcia59.wordpress.com/14/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gofacebook/marianogarcia59.wordpress.com/14/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/facebook/marianogarcia59.wordpress.com/14/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gotwitter/marianogarcia59.wordpress.com/14/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/twitter/marianogarcia59.wordpress.com/14/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gostumble/marianogarcia59.wordpress.com/14/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/stumble/marianogarcia59.wordpress.com/14/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godigg/marianogarcia59.wordpress.com/14/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/digg/marianogarcia59.wordpress.com/14/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/goreddit/marianogarcia59.wordpress.com/14/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/reddit/marianogarcia59.wordpress.com/14/" /></a> <img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=marianogarcia59.wordpress.com&amp;blog=697701&amp;post=14&amp;subd=marianogarcia59&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://marianogarcia59.wordpress.com/2007/03/02/el-dado-azul/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
	
		<media:content url="http://0.gravatar.com/avatar/4a19a245cbd6d93e1bc3dec84495da61?s=96&#38;d=identicon&#38;r=G" medium="image">
			<media:title type="html">marianogarcia59</media:title>
		</media:content>
	</item>
		<item>
		<title>La princesa y el sapito</title>
		<link>http://marianogarcia59.wordpress.com/2007/01/21/la-princesa-y-el-sapito/</link>
		<comments>http://marianogarcia59.wordpress.com/2007/01/21/la-princesa-y-el-sapito/#comments</comments>
		<pubDate>Sun, 21 Jan 2007 08:35:37 +0000</pubDate>
		<dc:creator>marianogarcia59</dc:creator>
				<category><![CDATA[Relatos]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://marianogarcia59.wordpress.com/2007/01/21/la-princesa-y-el-sapito/</guid>
		<description><![CDATA[Ante tanta belleza la metamorfosis es inevitable 1 Jose va y viene entre las mesas de su bar. Diez vasos es capaz de atrapar con sus diez expertos dedos&#8230;, y hasta el doble exhibe triunfal si los encuentra en los rincones más escondidos e inverosímiles del local. Jose siempre está dispuesto para la pesca de [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=marianogarcia59.wordpress.com&amp;blog=697701&amp;post=10&amp;subd=marianogarcia59&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<blockquote>
<blockquote>
<blockquote><p><em>Ante tanta belleza la metamorfosis es inevitable</em></p></blockquote>
</blockquote>
</blockquote>
<p><strong>1 </strong></p>
<p>Jose va y viene entre las mesas de su bar. Diez vasos es capaz de atrapar con sus diez expertos dedos&#8230;, y hasta el doble exhibe triunfal si los encuentra en los rincones más escondidos e inverosímiles del local. Jose siempre está dispuesto para la pesca de vasos y de botellas. Pero Jose, además de ser un buen pescador de vidrios, es un camarero ejemplar: sirve correctamente las copas de bourbon, pone buena música rock, apaga la televisión cuando entro yo, me da charla&#8230;<br />
Apenas hay gente, los cinco o seis clientes habituales desperdigados por sus rincones favoritos entre la niebla pegajosa de la penumbra.<br />
Jose se acerca rechoncho, calvo y viejo: la luz verdosa del garito lo envejece y él no hace nada para evitarlo.<br />
- Sufro una larga sequía de sexo. Ponme de beber, Jose.<br />
El camarero se dobla y se mete por la portezuela de la barra y, ya dentro, sin mirarla siquiera, atrapa de la estantería más alta la polvorienta y cuadrada botella de whisky de Tennessee, etiqueta negra y letras blancas.<br />
- ¿Cuánto tiempo hace que no follas, Jose?<br />
- Estamos en Semana Santa y yo, con Cristo clavado en la madera, no hago esas cosas.<br />
La carcajada del viejo barman asorda el ritmo frenético de Los Ramones. Los escasos clientes de esta hora, acostumbrados a las salidas de tono del anfitrión, no encuentran respuesta y disimulan, casi invisibles en los huecos más sombríos del oscuro bar, dando largas chupadas a sus cigarrillos y a sus tercios de cerveza.<br />
El bourbon arrasa garganta abajo: se posa con una sensación de bola de fuego chamuscando la flora intestinal. Pero los tragos pronto se amoldarán a mi particular metabolismo de hombre nocturno, de resistente estómago y tripas de uralita.<br />
Jose es sincero conmigo:<br />
- Hoy te veo más guapo que otros días. Aprovecha el tirón.<br />
Yo no dejo de mirarme, megalómano solitario, en el espejo que decora la pared del otro lado de la barra: me veo guapo, demasiado guapo tal vez, me veo los ojos más verdes de lo que son y la sonrisa abierta, blanca y sensual, el pelo negro y la piel bronceada con el moreno justo que me proporcionó el aparato de rayos uva que tan amablemente me prestó mi vecina de la puerta de al lado, enamorada de mí y no correspondida&#8230; por fea.<br />
Al otro lado del espejo se alza mi delgado cuerpo de 191 centímetros, cubierto de ropas oscuras y modernas, se manifiestan sin pudor mis ademanes elegantes. Cuando levanto el vaso, una esmeralda engarzada en un anillo de oro brilla en el dedo meñique derecho y deslumbra a los que lo miran, y un arete de plata en la oreja izquierda atraería, si las hubiera, la atención de ellas para contemplar mi perfil.<br />
Jose ha vuelto a la carga: husmea por los rincones, debajo de los veladores, detrás de la mesa del billar americano. Capturará nueves vasos de tubo y tres cascos de tercio de cerveza: los muestra triunfante alzando ambos brazos mientras se acerca.<br />
- ¿Y las mujeres no vienen nunca, Jose?<br />
- La que tu esperas está a punto de entrar por esa puerta.<br />
La puerta es de hierro macizo pintada de negro mate, hay que tirar o empujar fuerte para moverla. A lo mejor la chica que yo espero necesita mi ayuda para abrirla. Soy un tipo guapo y solitario: bebo whisky, fumo cigarrillos rubios y se desmayan en mis brazos mujeres salvajes: «entrarás por esa puerta y te colgarás de mi cuello, princesa».<br />
- ¡Otro bourbon!</p>
<p><strong>2<br />
</strong></p>
<p>Siempre disimulo el esfuerzo que me supone abrir la pesada puerta del local de Jose (el alcohol, me reconozco con sinceridad en los momentos de tristeza, ha oxidado todos mis músculos hace mucho tiempo); pero esta vez al salir me sorprende que se mueva de una forma tan liviana. Será alguien, piensas, que tiene prisa por pegar el primer trago. Mi altura no permite cederle el paso, tampoco miro a quien no ha podido evitar abalanzarse sobre mi cuerpo: pero huelo y siento las delicias de una hembra, humana.<br />
- Gracias guapo -y la voz de ella se enreda en la plata del arete de mi oreja izquierda. Y yo, perturbado por ser ella la primera mujer de la noche, titubeo un segundo para, recompuesta de inmediato mi galantería, dar un paso atrás, permitir que ella se recomponga e invitarle con el varonil ademán de un muletazo torero a que acceda al interior del bar de Jose, que mira la escena con una sonrisa entre irónica y estúpida.<br />
Salgo a la calle, pero no habré dados más de veinte pasos cuando decido retroceder sobre ellos y acodarme de nuevo en la barra, frente al espejo, donde ya no sólo el viejo camarero y las sombras de los clientes habituales podrán contemplar mi imagen: Jose espía, oculto en la cabina del equipo de música, los ojos, la nariz, las cejas, la larga cabellera sedosa y rubia de la chica, los labios que beben gin-tonic a sorbos lentísimos.<br />
No puedo recorrer, goloso, la mirada por su cuerpo: su figura estilizada como un mimbre me asusta, su minifalda negra tan corta y sus piernas tan largas, tan bien torneadas anularán mi presencia, me zambullirán en lo más profundo de mi vaso de bourbon.<br />
Y estando yo, aniquilado y solo, ella, dando el primer paso, recorrerá los tres metros que nos separan.<br />
Sus labios.<br />
Sus labios son capaces de de quitar la luz del resto de su bonito cuerpo, son capaces de diluir el sobrante de la mujer hasta convertirse en un único ser vivo y libidinoso que se dirige hacia mí brincando por el mármol gastado de la barra del bar: y son labios que hablan, sonríen, beben, ¿besarán? Se acercan coqueteando casi hasta empañar mi vaso. Se insinúan rojísimos, perfectos. Sus labios&#8230; Tengo que dar un largo trago para verlos de nuevo en su sitio, embelleciendo más si cabe una boca que me habla seduciéndome. Lo que yo sería incapaz, ella lo ha conseguido de forma rápida y fácil: me despega del mostrador y nos escondemos en los más oscuro del local, allí donde la penumbra alcanza casi la sombra completa, donde los vasos tan sólo se distinguen por los leves y fugaces destellos provocados por los lejanos focos de luz que tan pobres alumbran en el otro lado, en el lugar donde Jose impera.<br />
Ella, la chica de larguísimos cabellos rubios, mordiendo la pulpa de sus labios el arete de plata que atraviesa el lóbulo de mi oreja izquierda, se enrosca en mi talle, deja estrechar su fino cuerpo entre mis brazos de hombre que ha recobrado la confianza en sí mismo: ella se vuelve carcoma, devoradora princesa nocturna -niña mal criada-, seductora y peligrosa alcanzando tal excitación que mis dedos son tentáculos de pulpo y aprietan sus ventosas con fruición en las caras internas de sus apretados muslos blancos, desgarrando la seda de las medias, en esa región anatómica que roza el pubis.<br />
Ella se apasionará más, sentiré sus gemidos envueltos entre la espesa bruma de humo y música, pero cuando mis labios se acercan enamorados a su boca, los suyos volverán a adquirir autonomía propia, se volverán un animal indócil y severos me atormentarán, me obligarán a esperar el que ellos consideren que es el momento mágico del beso.<br />
Y, como el primer trago de bourbon de la noche, el beso llega ardiendo, levantando llamaradas de fuego piernas arriba, en el sexo, en los brazos, en el pecho, me abrasará el rostro&#8230; Mis labios quedan carbonizados.<br />
Creo oir el leve tintineo que puede hacer un anillo golpeando el cristal de un vaso en un rincón donde Jose no ha explorado aún.</p>
<p><strong>3<br />
</strong></p>
<p><em>En un momento inconcreto de la madrugada, al abrir alguien la puerta del bar, desde su puesto al otro lado de la barra, Jose creyó ver saltar hacia afuera algo parecido a un sapo. Se armó con una escoba y todos los allí presentes pensaron que ésta serviría para alcanzar algún vaso que, por lo escondido, estuviera fuera del alcance de su mano. Pero se sorprendieron al verle salir a la alta madrugada de la calle en busca de eso que creía haber visto saltar, un repugnante bicho pardo y rugoso. Pero la calle estaba solitaria: una ligera brisa movía las ramas de las acacias, que verdeaban sus primeras hojas a la luz amarillenta, sucia y parpadeante de un farol. Encogiéndose de hombros entró para olvidarse del batracio de inmediato y volver una vez más a batir los rincones de su bar y servir copas.</em></p>
<p><strong>4 </strong></p>
<p>&#8220;me es difícil saltar el bordillo de la acera. el bourbon debe haber hecho en mí más efecto que otros días: me siento raro y diminuto, pienso como si croara&#8230; es la borrachera. esa mujer me hechizó, yo bebí demasiado. sus labios eran hermosos, su beso inolvidable. ¡qué ancha es la calle! los semáforos del otro la de la calle son enormes, creo que hoy no sería capaz de tocar su luz roja, está muy alta. ¡joder, qué borrachera! ¿y mis pantalones? ¿y mis zapatos? ¿dónde están mis pantalones y mis zapatos? es una ilusión todo, debo beber menos. no hay pro&#8230;croo&#8230;blema, ¡joder la que llevo encima!, pero la calle no acabaré nunca de cruzarla: si salto el bordillo lo conseguiré. un salto y&#8230; ¡ya está!&#8230; sigo dando saltos. doy saltos en vez de pasos. ¿y mi anillo, dónde está mi anillo? que manos tan feas tengo. y ese perro de ahí es igual que una rata, pero una rata tan grande como yo, es el perro más grande que he visto en mi vida, a lo mejor es una rata gigante: la invasión de las ratas gigantes. nunca me había&#8230; croo&#8230; emborrachado tanto. ¡que hipo tan, croo, raro! tengo hambre, me gustaría comerme un mosquito. el perro rata me huele como si quisiera comerme. esa botella de bourbon debía estar podrida o algo así. la rata perro es tan grande como yo, me olisquea como con asco. tengo demasiada tripa, no he de beber tanto. tengo hipo como si croara y pienso como si croara, no, no, no, esto no es verdad. yo no soy un sapo. croac, croac, croac. la mujer estaba&#8230; croac&#8230; buena. ¿y mis llaves&#8230; croac? no tengo bolsillos, si no tengo pantalones no tengo bolsillos, es lógico, croac ¿no? ¿por qué croo? croac&#8230; croac ¿y eso qué es? es un coche gigante, croac, un peugeot&#8230; croac&#8230; 205 gris metalizado, croac, gigante. croac, ella va en él. ¡eh, eh, croac! se riecroac. ¡qué susto! menos mal que&#8230; cro&#8230;ac&#8230;cro&#8230;ac&#8230; he brincado, croac, ¡me quería&#8230; croac&#8230; pillar la muy&#8230; croac..!<br />
- creo, croac, que, croac, soy, croac, un, croac, sapo&#8230;</p>
<br /><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/categories/marianogarcia59.wordpress.com/10/" /> <img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/tags/marianogarcia59.wordpress.com/10/" /> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gocomments/marianogarcia59.wordpress.com/10/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/comments/marianogarcia59.wordpress.com/10/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godelicious/marianogarcia59.wordpress.com/10/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/delicious/marianogarcia59.wordpress.com/10/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gofacebook/marianogarcia59.wordpress.com/10/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/facebook/marianogarcia59.wordpress.com/10/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gotwitter/marianogarcia59.wordpress.com/10/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/twitter/marianogarcia59.wordpress.com/10/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gostumble/marianogarcia59.wordpress.com/10/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/stumble/marianogarcia59.wordpress.com/10/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godigg/marianogarcia59.wordpress.com/10/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/digg/marianogarcia59.wordpress.com/10/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/goreddit/marianogarcia59.wordpress.com/10/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/reddit/marianogarcia59.wordpress.com/10/" /></a> <img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=marianogarcia59.wordpress.com&amp;blog=697701&amp;post=10&amp;subd=marianogarcia59&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://marianogarcia59.wordpress.com/2007/01/21/la-princesa-y-el-sapito/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
	
		<media:content url="http://0.gravatar.com/avatar/4a19a245cbd6d93e1bc3dec84495da61?s=96&#38;d=identicon&#38;r=G" medium="image">
			<media:title type="html">marianogarcia59</media:title>
		</media:content>
	</item>
		<item>
		<title>La mujer extraterrestre más hermosa de la Tierra</title>
		<link>http://marianogarcia59.wordpress.com/2007/01/18/la-mujer-extraterrestre-mas-hermosa-de-la-tierra/</link>
		<comments>http://marianogarcia59.wordpress.com/2007/01/18/la-mujer-extraterrestre-mas-hermosa-de-la-tierra/#comments</comments>
		<pubDate>Thu, 18 Jan 2007 23:15:57 +0000</pubDate>
		<dc:creator>marianogarcia59</dc:creator>
				<category><![CDATA[Relatos]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://marianogarcia59.wordpress.com/2007/01/18/la-mujer-extraterrestre-mas-hermosa-de-la-tierra/</guid>
		<description><![CDATA[1   Yo soy un hombre muy guapo. Pero no tengo esa belleza pura, inocente, propia de los ángeles. Es dura, viril, diabólica. Soy ese tipo de guapo peligroso que vuelve locas a las mujeres y a los homosexuales. Además mido ciento ochenta y seis centímetros y conservo un cuerpo delgado de endurecidos músculos. No [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=marianogarcia59.wordpress.com&amp;blog=697701&amp;post=8&amp;subd=marianogarcia59&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<blockquote>
<h3 class="post-title"><strong><span style="color:#666666;">1</span></strong></h3>
</blockquote>
<p class="post-body"> </p>
<p class="post-body">Yo soy un hombre muy guapo. Pero no tengo esa belleza pura, inocente, propia de los ángeles. Es dura, viril, diabólica. Soy ese tipo de guapo peligroso que vuelve locas a las mujeres y a los homosexuales. Además mido ciento ochenta y seis centímetros y conservo un cuerpo delgado de endurecidos músculos. No aparento los treinta y cinco años y no gasto gafas ni lentillas, por lo que mis ojos medio verdes medio grises se muestran rabiosamente brillantes y expresivos en equilibrado contraste con mi cabello negro algo ondulado, sin una sola cana. Visto con elegante y cara ropa, siempre en tonos oscuros para realzar más la figura.<br />
Si yo me gusto con locura, incluso ahora que estoy atormentado con lo de la oreja, qué decir del éxito que tengo con «ellas»; simplemente les encanto. No tengo nada más que señalar a una de entre la multitud con el dedo. Ella se rinde dispuesta a disfrutarme hasta que yo me harte; cuando ya no la aguanto, cuando empiezo a verle defectos por todas partes (alguna verruga con hebra o cualquier otra cosa) la arrojo con desprecio al pozo de mis desencantos: es imposible contar las que se rebullen allí dentro, en ese abismo de mi existencia: las hay de todo tipo y colores, unas casi niñas y otras a las que ya se les ha retirado el periodo. Allí abajo chillan y se revuelven inquietas pidiendo otro ratito de amor.<br />
En todas ellas (en los homosexuales también) mi virilidad -¡qué voz tengo!- les despierta los instintos más bajos y perversos. Conmigo hacen lo que ni en pensamientos se atreven con sus parejas: algunas no habían succionado un falo, por ejemplo, hasta que abrieron con manos temblorosas e impacientes mi bragueta y se encontraron con esa réplica de mí mismo que tengo ahí abajo: &#8220;¡huy, qué grande!&#8221; Yo les ofrezco la posibilidad de que sexualmente se comporten como les dé la gana, sin obstáculos morales y sin complejos: por primera vez en su vida saborean la deliciosa carne de un hombre que las hace gozar. Ellas así me lo dicen, con palabras libidinosas, con sinceros jadeos, chillando unos orgasmos que recordarán a menudo y durante mucho tiempo orgullosas y humedecidas. Son mujeres que piden que un hombre guapísimo les haga el amor a la carta y que no les exija nada a cambio. Y todo ello yo se lo doy gracias a mi belleza y dotes masculinas que no se parecen en nada a las de los ángeles. Poseo una belleza y una virilidad que les dan libertad. Ya, desde muy jovencito las atraía mi presencia: dentro de ellas se agitaba algo que les hacía sentirse muy bien: «es guapo como un demonio, el cabrón».</p>
<p><span style="color:#666666;"> </span></p>
<blockquote><p><span style="color:#666666;"><strong>2</strong><br />
</span></p></blockquote>
<p>Pero de toda esa perfección hay algo que rompe el ritmo, algo que me tiene muy preocupado. No es que haya perdido las cualidades seductoras, no, no, no, mis prácticas sexuales no se han visto alteradas para nada: sólo tengo que levantar el dedo y señalar a alguien de entre la multitud. Tuvo que ser un homosexual, precisamente, quien me metiera en la cabeza la aprensión que me hace sentir tan mal: Ni me había percatado de su presencia, pero él me deseaba desde un rincón del bar de Jose desde hacía rato, se relamía goloso mirándome, se le notaba una enorme erección -según me contó el camarero una vez que ese individuo se largó de allí llorando, cubriéndose con un pañuelo ensangrentado el chirlo que yo le había hecho con la navaja en la mejilla izquierda-. Interpretó como seña dirigida a él -parece ser que los homosexuales tienen un código muy rico para estas cosas- el gesto involuntario que yo hice con la mano (me molestó que Jose me preguntara después, en un tono muy confidencial, si yo era maricón también, es decir bisexual): creyó que sus miradas me habían seducido y voló hacia mí cuando consideró como un sí eso que yo hice con la mano. El tipo iba derecho al asunto, no se lo pensó nada y descarado empezó a toquetearme por las ingles&#8230;<br />
Saqué la navaja y le rajé la cara.<br />
Y entonces fue cuando me soltó lo de la oreja.<br />
- ¡Desorejado!<br />
Nadie se atrevió a reir porque yo tenía la navaja abierta en la mano, manchada la hoja con unos hilillos de sangre y soltando destellos como una estrella bajo las focos del local de Jose.</p>
<p><strong><span style="color:#666666;"> </span></strong></p>
<blockquote><p><strong><span style="color:#666666;">3</span></strong></p></blockquote>
<p>No soporto lo de la oreja derecha. Sé que me afea, que ensombrece mi físico. No me falta entera, solamente el lóbulo. Pero es suficiente como para que me tenga en vilo. ¿Cómo me verá la mujer que debajo de mí se estremece? ¿Pensará en algún momento que qué lastima, que yo sería del todo perfecto si no fuera por eso de la oreja?<br />
Creo que pierdo bastante el atractivo por el perfil derecho.<br />
Además parece que todo el mundo se fija ahora, más que en el extraordinario &#8220;todo&#8221; que soy yo, en esto otro que podríamos llamar fatal mutilación: son incontables los que me escudriñan la oreja. Por decir uno de tantos que se ha interesado de forma generosa, está el taxista, un tipo que no me perdió ojo durante el trayecto de la carrera. Yo le veía cómo me observaba en silencio por el espejo retrovisor, cómo era incapaz de quitar sus ojos de mi oreja: miraba más hacia atrás que hacia adelante. Me puso tan nervioso que no pude soportarlo más cuando, en el momento justo de pagarle, me preguntó:<br />
- ¿Qué le pasó en la oreja, jefe?<br />
Saqué la navaja y le destrocé los asientos traseros.<br />
- La próxima vez te rajo a ti, hijoputa.</p>
<p><strong><span style="color:#666666;"> </span></strong></p>
<blockquote><p><strong><span style="color:#666666;">4<br />
</span></strong></p></blockquote>
<p>Yo fui mordido en la oreja derecha por la mujer extraterrestre más hermosa de la Tierra.<br />
He contado esta historia antes, un par de veces, pero no me creyeron. Jose dijo que iba a pedir daños y perjuicios a la casa de licores que le habían distribuido whisky en mal estado y que tan mal me sentaba a mí. Yo sólo humildemente puedo defender que es cierto.<br />
Además no tiene por qué ser tan extraño todo este asunto. Es normal que un hombre sea mordido por una mujer. Que ella es extraterrestre&#8230;, bueno&#8230;, existen, el mundo está lleno de mujeres de otro mundo.<br />
La mujer extraterrestre trabajaba en un circo que recorre Europa. No sé aún sigue allí.<br />
La única noticia que he tenido fue hace unos días cuando, estremecido de miedo, me reencontré con su rostro en una fotografía que ilustraba la primera plana de un periódico: había habido un accidente aéreo por la zona de La India: la foto en blanco y negro mostraba un paraje brutalmente arrasado, sembrado de hierros retorcidos y pedazos de cadáveres achicharrados. Había que fijarse bien para ver, en un segundo plano, medio escondida entre unos árboles, la figura entera de una mujer, rebosante de vitalidad: la conocí por su sonrisa carnicera. No me cabe ninguna duda de que ella provocó el accidente. Y quiso salir luego en la foto por pura coquetería. Leí con interés por ver si en algún momento de la información habían puesto que algunas víctimas aparecían con las orejas cercenadas o mordidas o, simplemente, sin orejas. Pero no ponía nada de eso. Se conoce que el redactor interpretaba la magnitud del trágico accidente desde otra perspectiva. Pero cuanto más miraba la fotografía más seguro estaba yo de que ese personaje borroso que me miraba era ella, haciéndome retroceder amargamente en el tiempo, a los infortunados días de mi viaje a París:</p>
<p><strong><span style="color:#666666;"> </span></strong></p>
<blockquote><p><strong><span style="color:#666666;">5<br />
</span></strong></p></blockquote>
<p>Estaba acabándose el otoño y yo estaba en París.<br />
Me había llamado la atención que el recepcionista de mi hotel me entregara un papel del tamaño de una holandesa en el que se reproducía en fotocopia el dibujo de la carpa de un circo y sobre él la frase impresa en grandes caracteres que decía: Ne pas oublier de voir dans le Grand Cirque des Étoiles l´extraordinaire spectacle de l´unique femme extraterrestre vivante dans la terre. Aunque eso es falso, por supuesto, los del circo mentían descaradamente: todo el mundo sabe que hay miles de mujeres extraterrestres vivas repartidas por la tierra. Evidentemente en los arrabales de París donde levantaron la carpa ese detalle al público le pasa desapercibido.<br />
Decidí ir verla.<br />
Se enseñaba, nada más. Para exponerla, habían habilitado una carpita plantada junto a las caravanas de los artistas. Ella estaba metida en una especie de pecera, sin hacer nada especial: unas veces se entretenía leyendo una revista del corazón, otras tomándose una cocacola y las más dejaba pasar el tiempo viendo la televisión, siempre tumbada en un cómodo sofá de cuero color beige. Ni siquiera estaba desnuda. De vez en cuando se arrascaba sin pudor debajo de un pecho.<br />
- Me gustan los hombres deseados por los homosexuales y los aviones comerciales –dijo en un perfecto castellano nada más verme cruzar el arco de la puerta iluminado con bombillas de colores y que daba paso a la carpa. Allí dentro solamente se encontraban ella y un individuo vestido con una casaca roja con grandes hombreras de flecos dorados, su cuidador.<br />
Era la extraterrestre más hermosa que yo había visto en mi vida. De color blanco de entre veinticinco y treinta años, de ciento ochenta centímetros de altura, de larga melena ceniza, de ojos violetas y de sonrisa carnosa. Estaba espléndida. Vestía pantalones tejanos muy ceñidos, una camiseta blanca de algodón y, echada sobre los hombros sin meter los brazos por las mangas, una chaqueta de cuero crudo. Si se miraba bien se descubría que no llevaba sujetador, pero sus pechos se adivinaban muy firmes, no se le descolgaban nada aun teniendo un hermoso tamaño.<br />
No creía que iba a hablarme tan pronto, y menos en mi idioma, y eso me desconcertó.<br />
Pensé que hablar de aviones era propio de los extraterrestres, que usaban este tipo de comentarios para romper el hielo de la conversación; pero el que hiciera alusión a ese natural que tengo yo para atraer a los homosexuales era algo impropio.<br />
- Tú qué opinas de eso<br />
- No podría decirle, señora&#8230; No soy marica.<br />
- No, de los aviones digo.<br />
- &#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;..<br />
- La gente se muere volando, ¡qué lindo! -dijo.<br />
- Hombre, visto así no está mal -dije yo, por decir algo en esa conversación absurda.<br />
Su cuidador se apartó unos metros, discretamente, posiblemente aleccionado por ella.<br />
- Debes experimentarlo. Pero ahora es necesario que nos escapemos de aquí y me lleves muy deprisa a tu hotel. Necesito probarte.<br />
- ¿Y ése?<br />
- Él sabe cuando no debe mirar hacia aquí&#8230;<br />
Recorrimos las calles de París en un taxi hablando de catástrofes aéreas. Parecía obsesionada con ese tema. Ella sonreía con dientes que yo ni nadie podíamos imaginar que estuvieran tan afilados, miraba por la ventanilla las nubes y los vanos azules que dejaban éstas en el cielo parisino. &#8220;Me encanta el cielo&#8221;, dijo. Hablaba de lo hermosa que era la muerte venida de allí arriba. A mí no me importaban esas palabras lúgubres porque me entretenía ideando por dónde empezaría a hacerle el amor a la primera mujer extraterrestre de mi vida, tan apetitosa. No podía evitar la erección. Éramos dos hermosos cuerpos que íbamos en busca del plácer más exquisito.</p>
<p><strong><span style="color:#666666;"> </span></strong></p>
<blockquote><p><strong><span style="color:#666666;">6<br />
</span></strong></p></blockquote>
<p>-¡Ahora relájate! Vas a vivir la mejor experiencia de tu vida. No será como en un avión, pero se parecerá -me dijo frente a la gran cama.<br />
Duró todo tan poco después de desnudarnos&#8230;:<br />
Me abrazó, con exquisita suavidad me cogió el pene y empezó a menearlo con maestría unos segundos. No se sorprendió por su tamaño y eso me hirió un poco el orgullo; pero como era una mujer extraterrestre&#8230;, en esos momentos lo que más deseaba es que sus besos bajaran hasta mi glande. Pero no, sus labios buscaron mi oreja derecha: jugueteó un poco con la lengua y luego me dio el mordisco y me arrancó de cuajo el lóbulo. A veces creo recordar que los testículos me los estaba manoseando con extrema dulzura en ese terrible instante, pero no estoy muy seguro de ello. Así fue, tan sencillo y tan corto como eso, no invento nada. He de confesar con tristeza que por primera vez en mi vida no eyaculé.</p>
<p><strong><span style="color:#666666;"> </span></strong></p>
<blockquote><p><strong><span style="color:#666666;">7</span></strong></p></blockquote>
<p>La navaja me ayudó a ahuyentarla. Para evitar mis embestidas, ella saltaba hacia atrás ágil como una pantera, totalmente desnuda respingándole sus redondos y perfectos pechos, riéndose a carcajadas con su hermosísima boca, chorreando mi sangre por las comisuras, masticando mi lóbulo.<br />
- ¿Te volverás en avión a tu casa, cariño? -me preguntó a modo de despedida, mientras yo intentaba cortar la hemorragia apretando la herida con una toalla del baño envuelta en una mano y con la navaja en la otra.</p>
<p><strong><span style="color:#666666;"> </span></strong></p>
<blockquote><p><strong><span style="color:#666666;">8<br />
</span></strong></p></blockquote>
<p>La recepcionista de la agencia de viajes me hizo un mohín mimoso. Pero yo no estaba, quizás por primera vez en mis hermosos años de existencia, para eso. Vi que en un expositor habían dejado una pila de folletos del circo anunciando la gran novedad de la temporada. Me dolía la oreja. Conseguí con una sonrisa extra que el billete de vuelta del avión me lo canjeara por uno de tren. Yo no quería encontrarme a la mujer extraterrestre más hermosa de la tierra volando en el mismo avión que yo.<br />
Cuando, hace unos días, vi la fotografía del periódico donde se me aparecía supe que todavía me estaba aguardando, que lo haría siempre (¿cuántos años viven las mujeres<br />
extraterrestes?), con toda seguridad comiendo lóbulos de orejas de otros.<br />
Es hermosísima. Su belleza tampoco es como la de un ángel. Por supuesto que viene de un lejano mundo donde los ángeles no existen.</p>
<br /><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/categories/marianogarcia59.wordpress.com/8/" /> <img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/tags/marianogarcia59.wordpress.com/8/" /> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gocomments/marianogarcia59.wordpress.com/8/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/comments/marianogarcia59.wordpress.com/8/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godelicious/marianogarcia59.wordpress.com/8/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/delicious/marianogarcia59.wordpress.com/8/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gofacebook/marianogarcia59.wordpress.com/8/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/facebook/marianogarcia59.wordpress.com/8/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gotwitter/marianogarcia59.wordpress.com/8/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/twitter/marianogarcia59.wordpress.com/8/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gostumble/marianogarcia59.wordpress.com/8/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/stumble/marianogarcia59.wordpress.com/8/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godigg/marianogarcia59.wordpress.com/8/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/digg/marianogarcia59.wordpress.com/8/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/goreddit/marianogarcia59.wordpress.com/8/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/reddit/marianogarcia59.wordpress.com/8/" /></a> <img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=marianogarcia59.wordpress.com&amp;blog=697701&amp;post=8&amp;subd=marianogarcia59&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://marianogarcia59.wordpress.com/2007/01/18/la-mujer-extraterrestre-mas-hermosa-de-la-tierra/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
	
		<media:content url="http://0.gravatar.com/avatar/4a19a245cbd6d93e1bc3dec84495da61?s=96&#38;d=identicon&#38;r=G" medium="image">
			<media:title type="html">marianogarcia59</media:title>
		</media:content>
	</item>
		<item>
		<title>Hacia el final de la noche</title>
		<link>http://marianogarcia59.wordpress.com/2007/01/17/hacia-el-final-de-la-noche/</link>
		<comments>http://marianogarcia59.wordpress.com/2007/01/17/hacia-el-final-de-la-noche/#comments</comments>
		<pubDate>Wed, 17 Jan 2007 23:02:38 +0000</pubDate>
		<dc:creator>marianogarcia59</dc:creator>
				<category><![CDATA[Poesía]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://marianogarcia59.wordpress.com/2007/01/18/hacia-el-final-de-la-noche/</guid>
		<description><![CDATA[Un oscuro deseo se confunde con el viento de la alta madrugada: el ruidoso silencio de la noche insiste en permanecer despierto.La luz del día, aún lejano, eclipsa las inquietas sombras. Sólo, con una vaga serenidad derramada, suena un clarinete solitario: los últimos besos rasgan la noche. Se bebe el penúltimo trago.<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=marianogarcia59.wordpress.com&amp;blog=697701&amp;post=7&amp;subd=marianogarcia59&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<blockquote><p>Un oscuro deseo<br />
se confunde con el viento<br />
de la alta madrugada:<br />
el ruidoso silencio de la noche<br />
insiste en permanecer despierto.La luz del día,<br />
aún lejano,<br />
eclipsa las inquietas sombras.<br />
Sólo, con una vaga serenidad derramada,<br />
suena un clarinete solitario:<br />
los últimos besos<br />
rasgan la noche.<br />
Se bebe el penúltimo trago.</p></blockquote>
<br /><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/categories/marianogarcia59.wordpress.com/7/" /> <img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/tags/marianogarcia59.wordpress.com/7/" /> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gocomments/marianogarcia59.wordpress.com/7/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/comments/marianogarcia59.wordpress.com/7/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godelicious/marianogarcia59.wordpress.com/7/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/delicious/marianogarcia59.wordpress.com/7/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gofacebook/marianogarcia59.wordpress.com/7/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/facebook/marianogarcia59.wordpress.com/7/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gotwitter/marianogarcia59.wordpress.com/7/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/twitter/marianogarcia59.wordpress.com/7/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gostumble/marianogarcia59.wordpress.com/7/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/stumble/marianogarcia59.wordpress.com/7/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godigg/marianogarcia59.wordpress.com/7/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/digg/marianogarcia59.wordpress.com/7/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/goreddit/marianogarcia59.wordpress.com/7/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/reddit/marianogarcia59.wordpress.com/7/" /></a> <img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=marianogarcia59.wordpress.com&amp;blog=697701&amp;post=7&amp;subd=marianogarcia59&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://marianogarcia59.wordpress.com/2007/01/17/hacia-el-final-de-la-noche/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
	
		<media:content url="http://0.gravatar.com/avatar/4a19a245cbd6d93e1bc3dec84495da61?s=96&#38;d=identicon&#38;r=G" medium="image">
			<media:title type="html">marianogarcia59</media:title>
		</media:content>
	</item>
	</channel>
</rss>
